El beso, como expresión de sentimientos, tiene tanto de ancho como de angosto. Existen varias clases de besos que corresponden a diversas intensiones por parte de quienes los ofrecen como de quienes los reciben.

POR JOAQUÍN REYES POSADA
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Así lo dice el porro sabanero “Pepe”: “Cuando tú me besas algo se me va, se me va la fuerza de la voluntad”. En muchas personas la voluntad queda enajenada al recibir un beso, dependiendo de si es el primero, de quien lo de y cómo se recibe. Una persona enamorada lo percibe como premio, se desgonza en el sofá como si fuera a desmayarse. Piensa para sí y recuerda el bolero famoso que dice: “Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez”.
Una persona huraña lo rechaza y pide explicación, una persona tranquila lo recibe y hasta lo devuelve esperando que se repita, si le gustó claro está. Beso es beso y no se da todos los días por eso hay que aprovecharlo. El beso de la Mujer Araña es atrapante, enmarañado, entretejido de energía y pasión. El beso robado es el que da muy rápido y la otra persona ni sospechaba de ser atacada de improviso.

Besito mordelón es aquel que se da con participación de los dientes, -perdón por la obviedad-, pequeños e incesantes mordiscos en el labio inferior, como taladrándolo por la frecuencia e intensidad. El beso de Judas si que es frecuente en la hipócrita sociedad de los tartufos. Su intención es despistar, expresar un sentimiento falso para obtener un beneficio. Muy propio de políticos en campaña. Besan por aquí y por allá esperando su recompensa en votos.
Un besito inocente es aquel que se le da a los niños, su fin es demostrarles amor para afianzar en ellos ese sentimiento y, enseñarles el valor que tienen como carta de presentación en la relación de amor con sus padres y familiares. Es muy importante porque a lo largo de la vida cuando crezcan, tendrán en el beso la manera más sincera de expresión de los afectos.

Es imposible no desear regalarle un beso a un niño, por eso al verlos, surgen expresiones como “me lo como a mordiscos”. No imagino si fuera literal, el horror de ver a un antropófago alimentándose con la carne de una criatura inocente.
“Tus besos se llegaron a recrear, aquí en mi boca”, es el inicio de la letra del bolero Contigo de Los Panchos. Llenaron de pasión la vida loca en quien los recibió. Besos de fuego son aquellos que desatan ardor, apasionamiento, son el tiquete para algo más, la puerta de entrada para una relación de amor intensa. Desde tiempos lejanos, el beso es un sello, la epifanía de los labios y el fuerte latido del corazón.

“Lo que tengas de mi te lo doy, pero yo te devuelvo tus besos”, reza la canción ranchera mexicana No Volveré. Como si fuera fácil, da la impresión de que desea volver a besar.
Las telenovelas y películas rosa, tienen en el beso una forma de expresión que varía mucho dependiendo de la región. Los besos turcos no son muy vistos, los mexicanos son notorios cuando el machismo los hace ver como dominio del hombre sobre la mujer, los besos en las producciones gringas son desbordados.
Las cartas de amor siempre terminan así:
Besos,
Romeo.

