Más que una novela sobre la conquista del gobierno o el ejercicio del poder, El clan de los exégetas es una reflexión sobre la distribución de la inteligencia política. Su tesis puede resumirse así: un pueblo comienza a liberarse cuando deja de obedecer sin comprender y aprende a interpretar colectivamente sus problemas y su destino.
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En una época en la que la política parece reducirse a consignas, emociones y enfrentamientos personales, El clan de los exégetas propone una pregunta de fondo: ¿qué ocurriría si una comunidad dejara de esperar que un líder interpretara la realidad por ella y aprendiera a comprenderla por sí misma? Esta es la pregunta que plantea Camilo Nassar Moor como autor de la novela y con ella abre un crudo diálogo sobre liderazgo, método y poder.
LA HISTORIA
En San Judas, un pequeño pueblo donde la historia parecía avanzar al ritmo lento de las montañas, la riqueza de unas minas de oro cambia el destino de todos. La política regional convierte al pueblo en municipio y nombra en la Alcaldía a quienes prometen administrar el progreso. Muy pronto, las minas, el poder y el dinero comienzan a entrelazarse, y San Judas se llena de forasteros que controlan su riqueza, mientras el orden social del pueblo se resquebraja.
Como alcalde elegido emerge Goel Saldivia, un hombre que no cree en el poder unipersonal y está convencido de que los pueblos no prosperan solo por la acción de un líder, sino principalmente por la forma en que aprenden a interpretar su realidad. Bajo su influencia, la comunidad intenta reorganizar su destino mediante un método sencillo y radical: ordenar, interpretar y cerrar ciclos.
Con una prosa reflexiva y una mirada lúcida sobre el poder, El clan de los exégetas explora cómo las sociedades construyen su verdad, negocian sus contradicciones y aprenden a convivir con las consecuencias de sus decisiones. Concluyendo, que las sociedades fracasan cuando dejan de interpretar sus conflictos.
EL FUNDAMENTO
La novela parte del significado de la palabra exégeta: persona que interpreta o expone un texto. Sin embargo, amplía los dos elementos esenciales contenidos en ella —quién interpreta y qué se interpreta— hasta convertirlos en una reflexión política. El intérprete ya no es solamente un individuo: puede ser un grupo, un pueblo o una nación. Y aquello que debe interpretarse ya no es únicamente un texto, sino también una cifra, una ecuación, un conflicto, una crisis económica o un problema colectivo.
Esta ampliación conduce al núcleo de la obra: interpretar es una forma eficaz de ejercer el poder. Quien ordena los hechos, delimita el problema, explica las cifras y define el significado de una crisis; posee una gran ventaja sobre quienes se limitan a obedecer. Por eso, la emancipación política no consiste solo en elegir gobernantes, sino en adquirir la capacidad colectiva de comprender y participar razonadamente en sus soluciones.
Goel Saldivia encarna esa tensión. Su liderazgo se mide menos por el poder que acumula que por su capacidad para volverse prescindible. El método que impulsa —ordenar, interpretar y cerrar ciclos— busca transformar información dispersa en decisiones concretas. Ordenar permite salir del caos; interpretar, descubrir relaciones y alternativas; cerrar ciclos, actuar sobre problemas delimitados y luego avanzar. No es un procedimiento infalible: puede equivocarse, omitir variables o escoger caminos inadecuados. Su valor reside en que mantiene abierta la pregunta, permite corregir y evita convertir una idea política en dogma o a un caudillo en un dios.
Ahí se encuentra la actualidad de El clan de los exégetas. Las democracias contemporáneas están inundadas de datos, encuestas, estadísticas y mensajes inmediatos, pero esa abundancia de información no siempre produce comprensión, sino que puede enmascarar la verdad. Con frecuencia, las cifras son amañadas para confirmar prejuicios, las redes sociales sustituyen el debate por la indignación o la confusión, y los dirigentes convierten problemas complejos en simples relatos de “buenos” y “malos”. En ese ambiente, interpretar deja de ser un ejercicio intelectual y se convierte en una necesidad ciudadana imprescindible.
La novela también cuestiona el caudillismo, una tradición persistente en América Latina y visible hoy en distintas corrientes ideológicas. Cuando la política depende de una sola voz, las instituciones se debilitan y el pueblo termina delegando no solo sus decisiones, sino incluso su facultad de comprender. Frente a ello, la obra plantea que el líder excepcional no es quien consigue hacerse indispensable, sino quien ilustra al pueblo sin engaños y crea las condiciones para que su proyecto pueda continuar sin él.
Una estatua descabezada y sin placa, situada en el centro de la plaza de San Judas, concentra el simbolismo de la novela. Al carecer de rostro y de nombre, el monumento no consagra definitivamente a un héroe. Obliga a la comunidad a preguntarse, una y otra vez, qué representa el poder, para qué se ejerce y a favor de quién. Es el símbolo visible de una interpretación que permanece abierta.

EL AUTOR: CAMILO NASSAR MOOR
Nació en Bogotá, Colombia (1954). Ingeniero civil y Máster en Economía de la Universidad de los Andes en Bogotá; Master of Science in Public Health Engineering de Strathcly University, Glasgow, Scotland. Fue becario del British Council.
Se ha desempeñado en cargos públicos como Director Técnico de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Gerente General de la Corporación Colombiana para la Amazonía, Araracuara (COA); y Director General del Instituto de Desarrollo Urbano de Bogotá (IDU).
Ha sido consultor en Ingeniería Civil, Ambiental y Evaluación de Proyectos; además de constructor, empresario, y consultor de las Naciones Unidas. También ha sido miembro de distintas juntas directivas. Ha escrito varios artículos técnicos en revistas especializadas, y es autor del libro de poemas Aldila (2013) y de la novela Universos de azar y vacío (2023).

