La salud mental de niños y adolescentes se ha convertido en uno de los grandes desafíos para las instituciones educativas. En Colombia, la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 reportó que el 10,4 % de los adolescentes presenta un probable trastorno emocional. La proporción alcanza el 12,8 % entre las mujeres y el 8,1 % entre los hombres. Además, el 4,8 % manifestó haber tenido ideas suicidas durante los últimos 30 días.
En este contexto, la enfermería escolar puede cumplir una función que va más allá de atender accidentes, administrar medicamentos o responder ante situaciones físicas de emergencia. Su contacto cotidiano con los estudiantes permite identificar cambios que podrían estar relacionados con dificultades emocionales y orientar los casos hacia los profesionales correspondientes.
“Hay señales que pueden aparecer primero en el cuerpo”, explica Luz Enith Velásquez Restrepo, docente del programa de Enfermería de la Fundación Universitaria del Área Andina, Pereira. Dolores de cabeza o de estómago recurrentes sin una explicación física clara, alteraciones del sueño o del apetito, cambios en el rendimiento académico, aislamiento, ausencias frecuentes o pérdida de interés por actividades habituales pueden requerir una mirada más amplia.
Detectar no significa diagnosticar
Uno de los aspectos fundamentales es diferenciar entre la detección temprana y el diagnóstico. El personal de enfermería no sustituye el trabajo de psicólogos o psiquiatras, pero sí puede identificar comportamientos que ameriten atención y contribuir a que el estudiante reciba ayuda oportunamente.
Ante una posible situación de riesgo, el acompañamiento inicial puede incluir generar un espacio tranquilo, escuchar sin juzgar, informar a la familia cuando corresponda y activar las rutas institucionales de atención. La articulación con orientación escolar y los servicios especializados resulta fundamental para evitar que una señal de alerta quede sin respuesta.
El entorno también importa. El uso de dispositivos y redes sociales forma parte de la cotidianidad de los jóvenes, pero cuando desplaza horas de sueño, actividad física o interacción presencial puede afectar su bienestar. Las alteraciones del descanso, por ejemplo, pueden repercutir en el estado de ánimo, la concentración y la capacidad para afrontar situaciones de estrés.
La importancia de contar con una primera respuesta
Durante una crisis emocional, las primeras acciones deben estar orientadas a reducir la tensión y facilitar el acceso a ayuda. Hablar con calma, evitar minimizar lo que siente el estudiante y conectarlo con los profesionales o servicios adecuados hacen parte de una respuesta inicial que puede resultar determinante.
Sin embargo, existe un desafío estructural: la enfermería escolar no está establecida como un cargo obligatorio en todos los colegios colombianos, por lo que su presencia depende de las condiciones y posibilidades de cada institución. A esto se suma la distribución desigual del personal de enfermería en el territorio nacional.
Fortalecer estos espacios de atención permitiría acercar la prevención y la detección temprana a los lugares donde los niños y adolescentes desarrollan buena parte de su vida cotidiana. En salud mental, reconocer una señal a tiempo y saber qué hacer después puede ser tan importante como la atención que llega posteriormente.

