Iván Zuluaga: VENCIENDO DESAFÍOS EN CINE, TEATRO Y TELEVISIÓN

Iván Zuluaga: VENCIENDO DESAFÍOS EN CINE, TEATRO Y TELEVISIÓN

El escritor, guionista y director hace un recuento de su recorrido por el cine, el teatro y la televisión. Recuerda los momentos más importantes en su trasegar profesional de más de tres décadas, y lo que significó para él la experiencia con Mi Pasión por David, una película que se distribuyó por fuera de los canales comerciales establecidos.

FOTOS JUAN CARLOS GUERRERO BELTRÁN Y ARCHIVO PARTICULAR

LOCACIÓN OSCAR SERNA PELUQUERÍA

Iván Zuluaga, guionista y escritor colombiano.
Foto Juan Carlos Guerrero Beltrán.

Llegué a la televisión colombiana en los años noventa, sin experiencia previa y con la responsabilidad de reemplazar un hito, Amar y vivir de Colombiana de Televisión, una serie que barrió con todos los premios y con la audiencia del horario Triple A. Mi propuesta fue Puerto Amor, una producción que rompía totalmente al hacer una exploración de la picaresca literaria del siglo dieciocho, en la tierra caliente colombiana. La serie conservó y aumentó la audiencia durante los dos años que estuvo al aire, en el prime de los viernes, y los últimos seis meses también se emitía los sábados.

Con ese antecedente emprendí después Sobrevivir. Fue la primera vez que se exploró el mundo de los cultivos de flores en la Sabana de Bogotá. Escrita en el estilo del neorrealismo italiano, funcionó por año y medio al aire, también en el horario estelar de los viernes. Vinieron luego dos telefilmes: Setenta veces siete y Milena, de la productora El Minuto de Dios, los cuales se estrenaron en canales masivos y han sido movidos por años en medios alternativos. Luego escribí una comedia, Los Tuta, con Lisandro Duque y Jorge Velosa, para revivir a los personajes principales de Romeo y Buseta. Hice una asesoría para Oasis, la historia que tuvo como protagonista a Shakira; dos musicales para el Teatro Nacional, Sorprendidas, que duró en escena año y medio, y Vereda Tropical. Más adelante, en la telenovela El amor es más fuerte, de Caracol, escribí sobre el mundo de la música, fuertemente contextualizado en la realidad política y social de Colombia.

En ese momento, todo apuntaba a que la realización del producto audiovisual se asimilaría al formato del cine y yo necesitaba estudiarlo. Me fui entonces a estudiar producción de cine a San Antonio de los Baños, en Cuba, y también estuve en Buenos Aires tomando clases con Jorge Goldemberg. De ahí en adelante, incursioné en proyectos de televisión para el mercado internacional como Así es la vida, para Telefutura de Estados Unidos; estuve como asistente de dirección de Raúl Quintanilla en A Corazón abierto para Vista Producciones, Disney, y TV Azteca; hice La Promesa, serie sobre la Trata de Blancas para CMO Producciones, y El sol sale para todas, sobre la mujer en el postconflicto, de RTVC, Canal 1 y Coltevisión.

En el 2013 obtuvimos el premio del Ministerio de Cultura de Colombia a la Creación Teatral, por la coescritura de La Reina Madre. Ya había hecho los guiones de La vida “era” en serio y Espérame en el cielo Capitán, largometrajes con los que ganamos distinciones en Colombia, Venezuela, España y México con la Fundación Toscano y el Instituto Sundance de Estados Unidos.

Mi Pasión por David es mi Opera Prima como director. Inicialmente la escribí con María Eugenia Naranjo como una comedia negra. Tres veces se varó el proyecto cuando ya estaba avanzado con productores internacionales. Apareció en el panorama Orlando Navas, con su productora Dronka Sason, con sede en España, y asumió la totalidad de la producción, poniendo como condición que yo la dirigiera. Sin esperar a que concursáramos en el FDC para conseguir recursos, puso una fecha cercana para el inicio del rodaje y la cumplió.

¿Cuál fue su principal motivación para escribir la historia y luego llevarla al cine?

Por la dificultad de realizar cine en Colombia era muy probable que no hiciera otra película en la cual pudiera asumir los roles de guionista y director, y, además, sentí la responsabilidad de dejar constancia sobre todo lo que había visto en mi país. Así es que la comedia negra derivó en un drama que muestra la verdad del país de forma objetiva. Nos ocupamos de la periferia de la guerra sin entrar en ella: “En un país en guerra todo se corrompe”.

Las historias que escogí son totalmente reales. Vestimos la película en Alpujarra, Tolima y en unas locaciones del Huila, en Colombia, donde sucedieron los hechos, del siglo diecinueve a hoy, con escenarios como San Pedro, una hacienda erigida en la ruta de la Quina a mediados del siglo diecinueve. Confinamos en el pueblo, por el mes de rodaje, a todos los participantes en el proyecto (63 personas), para que tuvieran a mano las referencias y personajes: cómo comen, visten, se comportan, hablan, se relacionan, viven; en qué creen, qué les ha pasado, sus fiestas, sus triunfos, sus duelos. En Bogotá solo rodamos tres días.

Fueron muchas las anécdotas durante el rodaje de Mi Pasión por David. El Ejército nos confiscó todas las armas de utilería y detuvieron al conductor y a dos técnicos acusándolos de terroristas, porque nos encontrábamos en zona roja. Una actriz natural que debía mostrar el torso, lo tomó como su grito de libertad y protesta ante la comunidad… Un actor trató de aprovechar su participación para hacer arengas políticas, en fin, cada día trajo su cuento…

¿Y qué dejó la experiencia de Mi Pasión por David en el pueblo?

Tuvimos tiempo suficiente para compenetrarnos con la comunidad y ampliar algunos de sus horizontes. Actores y técnicos hicieron talleres de realización y actuación en los colegios; la discoteca del pueblo estuvo a reventar día a día: se activaron los atractivos turísticos como el Volcán de Barro, el Charco de las Cuevas, la Hacienda San Pedro, la Pista de Aterrizaje, la fábrica de café original y parte del Desierto de la Tatacoa… Participamos en sesiones de buen cine en la biblioteca del pueblo, con ciclos de directores como Kubrick o Kurosawa, con comentarios y tertulias de los actores y el equipo técnico.

Ocupamos cinco hoteles y dos casas. Incorporamos a nuestra nómina a veinte personas en diferentes trabajos de la producción. Hicimos castings permanentes. Una de las protagonistas, algunos actores secundarios y los extras son de Alpujarra y debutaron como actores naturales. Todo el material con el que construimos las locaciones fue donado a los colegios para mejoras… Lo más importante: dejamos un documento filmado sobre sus historias y seguimos mostrándolo en cada oportunidad.

Una vez estuvo lista la película, hicimos proyecciones privadas en colegios y universidades, para saber cómo la recibiría el público. Con el resultado, el productor Orlando Navas decidió programar un preestreno en Barcelona, debido a que la cinta es colombo – española. La presentación para profesionales del sector nos marcó. Tenemos mucho qué aprender de los españoles, siempre apoyando el esfuerzo y reconociendo los logros con argumentos sólidos que afianzan en los realizadores las ganas de hacer más.

La respuesta del público en España fue espectacular. Las funciones estuvieron llenas. Las críticas fueron positivas. Personalmente atendí en tres días 22 entrevistas para públicos diferentes en televisión, prensa escrita, programas de radio de la talla del de Conchita Casanova que es el más importante, sobre cine, en España. Esto sin contar las convocatorias de los medios que atendieron el protagonista español, Alejandro Rodríguez, y el productor Navas. Como detalle sorprendente encontramos que, fuera de la audiencia mayor, la película lograba gran penetración en el público joven, tan difícil de captar, lo cual nos dejó más que satisfechos.

Mi pasión por David ha sido una experiencia guerrera. Al volver a Colombia, contraviniendo las políticas tradicionales de distribución, decidimos mostrar la película por el país, antes del estreno, para generar el boca a boca que tanto público lleva a las salas. Particularizando, la exhibición a cielo abierto en El Desierto de la Tatacoa fue alucinante. Allí llegamos desde Neiva en caravana de buses y carros con estudiantes y profesores de los primeros semestres de la Universidad Surcolombiana. Ellos armaron carpas para ver la película y pernoctar. Luego de la proyección se suscitó una controversia larga y muy productiva por las múltiples lecturas. También memorable fue una función en la Plaza Principal de Anapoima. Llegaron familias enteras con niños, que fueron los que más participaron en los debates. Otra confirmación de la fuerza con la cual la película penetra en la audiencia joven.

¿Cómo fue el desafío de estrenar la película en plena pandemia?

Todo estaba listo para el estreno de Mi Pasión por David el 14 de mayo de 2020 y llegó la Pandemia. El país se ralentizó y cerraron casi todas las salas comerciales. Pasaron unos meses y así como tomó la decisión de financiar la película sin ayudas económicas, Orlando Navas, nuestro productor, apareció con una estrategia loca de distribución. Seguiríamos adelante en el momento del encierro definitivo y sin contar con las redes tradicionales. Un suicidio programado… Pero el riesgo es un aliado y la vida continúa.

No había salas pero se estaban abriendo los autocines. Cerraban en centros comerciales, pero seguían existiendo salas alternativas. Los espacios públicos son abiertos… Había gente que no resistía el encierro. Orlando tenía tanta fe en el proceso que organizó la forma de dejar registros grabados de mucho de lo que estaba por suceder.  Y podemos decir que, salvo una función en un autocine de Bogotá, no hubo una ocasión en que la gente convocada no asistiera masivamente.

Empezamos a recorrer el país en septiembre de 2020, el peor momento de la Pandemia, con un buen augurio en Cajicá, una función en el autocine recién abierto que congregó a 123 autos con sus pasajeros. Luego seguimos grabando en sitios remotos como Pozo Azul, Agua Chica, Rionegro, el Chocó…  Fuimos adonde nos recibieron.

No obstante que el FDC (Fondo de Desarrollo Cinematográfico) solo reconoce los reportes de las salas de los grandes distribuidores y algunas otras que tienen inscritas, por lo que la mayoría de las audiencias de Mi Pasión por David no podían ser reconocidas, logramos solo con las que sirvieron el Estímulo que otorgan por el buen comportamiento de taquilla. Y en el único festival en el que compitió Mi Pasión por David, el Festival de Cine de Bogotá, ganó el Círculo Precolombino de Oro como Mejor Película Colombiana.

El balance fue positivo y resultó una buena inversión. Estuvimos mes y medio en cartelera y la intención es seguir mostrando la película en donde nos llamen. Ojalá Colombia entera la conozca.

¿Qué enseñanza le deja el esfuerzo de hacer una película en Colombia?

El cine es entretenimiento, pero tiene la importante función de contribuir a transformar las sociedades. Estos dos objetivos no se obtienen sin que la gente lo vea. Logramos audiencias con mucho esfuerzo, pero existen. Complicado hablar de futuro cuando durante muchos años no hemos tenido una política efectiva para conservar el gran público que tuvimos. En los ochenta hubo taquillas de más de dos millones de espectadores y a la fecha casi todo se ha perdido. Pero está latente. Tal vez si logramos cambios en las directrices y las dirigencias del sector cinematográfico pueda esto recuperarse.

No entiendo cómo no tenemos leyes para que se vea el cine colombiano en las escuelas, colegios, universidades. En las fiestas de los pueblos, que no paran en Colombia a través del año. En las programaciones de los cineclubes… En los parques y los barrios de las ciudades… Creo que esto debía impulsarlo El Fondo de Desarrollo Cinematográfico. Si una película no es conocida ni tiene éxito en su país, difícilmente la distribuirán en otros.

Hemos recibido algunos premios en festivales internacionales, pero esto lo define un jurado y se muestra en una sala de quinientas personas, máximo ochocientas, que aplauden por principio. Eso no garantiza que el producto llegará a un gran público. Importa primero lo que pase aquí. No podemos hablar de futuro cuando no hay industria. Solo tenemos unos productores locos, enamorados del cine, a los que no les importa perder su dinero, y unos realizadores que trabajamos con el deseo.

No hay futuro cuando no se han creado espacios nuevos para mostrar lo que hacemos y, lo más complejo, cuando seguimos dependiendo del cine gringo. ¿Cuál futuro? Emprendamos nuevos caminos rompiendo con roscas y paternalismos para conmover y conquistar agresivamente al público que está demostrado que existe. Estoy seguro que muchos se unirán en este propósito.  Es la única manera.

“El ejercicio de estrenar la película Mi Pasión por David en plena pandemia fue como jugar ajedrez sin reglas, pero el resultado fue muy satisfactorio porque nos llevó a ser recursivos en la manera de llegarle al público”.

“En el 2020 ganamos con Mi pasión por David el Círculo Precolombino de Oro como Mejor Película Colombiana en el Festival de Cine de Bogotá, y sigo en la lucha”.

LA HISTORIA DE MI PASIÓN POR DAVID

En Colombia, un país en guerra, Tite se enamora de David, un cura guerrillero, practicante de la doctrina de Cristo. Ella queda en embarazo y él muere en combate.

Tite se aferra al recuerdo de David para levantar a su familia inmersa en la degradación de esa guerra, el problema de la droga, la violencia intrafamiliar, la doble moral y el poder aplastante de la iglesia.

Veinte años después, Tite descubre que su vida es mentira. David prefirió la guerra al amor y la dejó a merced de su familia y de una sociedad que defiende intereses mezquinos.

Pero el destino aún le ofrece a Tite una salida y ella arrasa con todo lo conocido para abrir el camino hacia otra oportunidad.

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