El fenómeno de las imágenes creadas con inteligencia artificial revive la estética de una década que muchos usuarios no vivieron.
Más allá de la moda retro, la tendencia abre una conversación sobre nostalgia, memoria y la manera en que las nuevas generaciones reinterpretan el pasado.
Durante los últimos días, las redes sociales parecen haber viajado cuatro décadas atrás. Instagram y TikTok se han llenado de fotografías que recrean cómo se verían sus protagonistas en los años 80, con peinados voluminosos, hombreras, colores intensos y una estética inspirada en aquella época. La particularidad es que muchas de esas imágenes no son recuerdos reales, fueron creadas con herramientas de inteligencia artificial.
El fenómeno resulta llamativo por una razón y es que la mayoría de las personas que participaron en el trend, no vivieron los años 80. Y más que recuperar un recuerdo propio, esta tendencia permite imaginar una época a partir de las referencias que permanecen en la memoria colectiva, como la explosión de cultura pop, la moda llamativa, la música inolvidable, las fotografías icónicas, los colores vivos y las historias que han pasado de una generación a otra.
La pregunta que surge es: ¿qué hace que una época siga siendo relevante para personas que no la vivieron?
Una posible respuesta está en que la memoria cultural no depende únicamente de haber estado allí. Algunas experiencias, símbolos y marcas consiguen impactar durante años porque se incorporan a las familias y a los momentos compartidos. Ese es precisamente uno de los puntos que resulta interesante al observar la trayectoria de Kola Román.
Más que hablar de una compañía que simplemente «recuerda» el pasado, su historia permite observar cómo un legado puede mantenerse vigente mientras cambian las personas, los hábitos y las formas de disfrutar las ocasiones culturales.
El estudio Brand Equity 2026 realizado por Kantar muestra que esta relación no se construye de la misma manera entre todas las generaciones. Mientras los consumidores más jóvenes encuentran en la marca una propuesta asociada con el disfrute y la indulgencia, el estudio identifica una oportunidad de trasladar esa conexión hacia el público de 30 a 39 años y hacia ocasiones más frecuentes y cotidianas.
La diferencia es relevante porque plantea que el vínculo con una empresa no necesariamente desaparece cuando una edad cambia. Puede transformarse.
Kantar encuentra que, en la Zona Norte, particularmente en Cartagena y Montería, Kola Román logra asociaciones más fuertes con momentos de celebración. Allí, la relación con el consumidor va más allá del gusto y gusto personal para entrar en espacios vinculados con compartir con familia y amigos.
Esta conexión resulta especialmente interesante al hablar de consumidores de 30 a 39 años. Según el estudio, para este grupo la indulgencia también puede relacionarse con bienestar, nostalgia y conexión con las personas que importan. Así, el debate sobre nostalgia deja de ser únicamente una conversación sobre el pasado, también habla del presente.
Pero mantener un vínculo construido durante mucho tiempo no significa permanecer igual. En el caso de Kola Román, la evolución también se refleja en la manera en la que adapta su lenguaje, sus formas de conectar con las personas y los espacios en los que participa, buscando mantenerse cercana a las conversaciones y hábitos de sus consumidores sin perder los elementos que hacen parte de su historia.
Kola ha incorporado códigos y formatos que hacen parte de las conversaciones actuales, llevando su identidad a nuevos espacios y encontrando maneras distintas de generar conexión con el público que se relacionan con la marca desde experiencias diferentes a las de las generaciones anteriores.
La innovación también está presente en la marca. Un ejemplo es Kola & Pola, una propuesta que lleva a Kola Román al territorio gastronómico y de encuentro, explorando nuevas maneras de disfrutar la marca y de integrarla a experiencias alrededor de la comida y la conversación. Esa relación con la gastronomía, además, no es casualidad. Kola Román también hace parte de preparaciones y costumbres que han acompañado por años a las personas.
Para el público costeño, esa historia está ligada a experiencias que van más allá del producto, como ser la bebida presente en reuniones familiares, ser el sabor asociado a celebraciones, estar en las preparaciones compartidas en casa o estar en esa cotidianidad del día a día que termina convirtiéndose en recuerdos. Son experiencias que ayudan a explicar por qué una marca puede permanecer en la memoria incluso cuando pasa el tiempo y las personas la consumen.
Así, el debate sobre nostalgia deja de ser únicamente una conversación sobre el pasado, sino que también habla del presente. Por eso, el regreso de los 80 muestra cómo se pueden tomar códigos de otra época, reinterpretarlos y convertirlos en parte de una propia conversación. De igual forma, una marca con trayectoria puede conservar los elementos que hacen parte de su identidad mientras adapta la forma en que habla, conecta, innova y participa en la vida de los que la consumen.
Para Kola Román, esta conversación refleja el valor de una marca con trayectoria que ha estado presente en diferentes momentos y que continúa formando parte de los recuerdos y códigos culturales que construyen la identidad de sus consumidores. Así, el regreso de los 80 no solo habla de una época que vuelve a estar de moda, sino de cómo aquello que forma parte de la memoria colectiva puede seguir encontrando nuevas formas de conectar con el presente y con las generaciones que vienen.

