Llegó de Venezuela en busca de mejores oportunidades en nuestro país y con empeño, dedicación y disciplina se convirtió en una empresaria exitosa.
POR FERNANDO MOTTA
FOTOS JONATHAN TORRES / VINTAGE CREATIVE STUDIO
Karla nació hace 30 años en Capacho, Estado del Táchira, un pintoresco pueblo de Venezuela. Cuenta que debido a la difícil situación de su país se vino para Colombia el 20 de enero del 2018. “Fue la decisión más dura que tuve que tomar porque mi hijo tenía dos añitos. Estaba recién graduada de enfermera, pero no se conseguía trabajo. Acá, solo conocía a una prima a quien le solicité ayuda”. Estuve cuatro meses en San Andresito de San José, en Bogotá, en un almacén de vestidos y el dinero no me alcanzaba, pues tenía la responsabilidad con mi familia y mi hijo en Venezuela. Un amigo me ayudó a entrar a la empresa Ángeles de Vida y ahí pude ejercer como enfermera cuidando pacientes. Permanecí 4 años, y los días de descanso trabajaba en San Andresito en la tienda de vestidos. Pensaba: Algún día voy a tener mi propia empresa. Sin embargo, atravesé situaciones difíciles, como la muerte de mi abuelo en la pandemia y, en ese momento, me encontraba en Venezuela. Después de seis meses, me regresé de nuevo a Colombia y me vinculé dos años como enfermera. Seguía soñando con tener mi empresa y fue cuando conocí a Marlene Acevedo, un ángel que llegó a mi vida, y me enseñó a trabajar en el alquiler de vestidos, brindándome la oportunidad de tener mi propio negocio. Ella era mi jefa, mi amiga, y me dio el impulso y los recursos para independizarme en este trabajo. Me dijo: “Karla, toma esto y me lo pagas poco a poco”.
¿Qué la motivó a fundar Castillo de Reinas?
Las ganas de salir adelante y el amor que le tomé a este emprendimiento. Trabajando en el alquiler de vestidos me enseñaron todo el proceso de este negocio.
¿Cuál es el propósito de su empresa?
Demostrarles a las mujeres que lo que nos proponemos lo podemos hacer, que no necesitamos tener una figura esbelta para vernos bellas, mirarnos con seguridad en un espejo y lucir un vestido divino. Que no importa ni la diversidad ni las tallas, para mí todas las clientas son reinas y por eso la marca: Castillo de Reinas. Mis niñas las quinceañeras, que son mi especialidad y el fuerte de mi empresa, es como si fueran mis hijas y les hago el acompañamiento para que disfruten una celebración de ensueño: Les entrego el ajuar completo y trato de que todo salga perfecto. Ahora contamos en el equipo con mi hermana; ella es la maquilladora profesional de la boutique.
¿Por qué el alquiler de trajes tiene tanto éxito?
Principalmente, porque estos trajes se utilizan una sola vez, para no repetir vestuario en los momentos especiales. Supongamos que te inviten a un matrimonio y al mes, a unos quince años, el mismo traje no sirve para las dos ocasiones. También por los costos, y por tener la oportunidad de usar un vestido de alta costura, de alta gama, cada uno en su fecha especial.
¿Qué precios manejan para los clientes?
Depende del vestido: Si es de gala o de coctel tiene un valor de 200.000 a 700.000 mil pesos, según el modelo elegido. Y si son de 15 años, el costo aumenta porque son vestidos que se entregan con un ajuar completo.
¿Cómo es el proceso de lavandería?
El vestido sale del evento y debe ir a la lavandería, nunca colgamos un vestido que esté sucio o que huela mal. Antes de entregárselo al cliente pasa por lavandería, es un proceso que se realiza a mano con una persona que es especialista en estos trajes, ya que requieren un cuidado especial.
¿Cómo es el mantenimiento de las prendas?
Hay personas que no tienen el cuidado, son prendas delicadas y las rasgan. Para este tipo de arreglos cuento con mis modistas, y ellas realizan a mano los ajustes. Le solicitamos al cliente un depósito mientras tiene las prendas en su poder, por si algo le sucede al vestido, lo podemos descontar del depósito.
Cuéntenos de la Fundación que apoya.
Tenemos una en Soacha, se llama Guerreros de Vida y cada año hacemos un evento donde se le cumple el sueño a 15 niñas, dándole los vestidos. Esta donación para la Fundación la hacemos junto con algunos colegas para beneficiar a las niñas que no pueden tener su fiesta.
¿Y qué nos dice de los reinados?
Soy patrocinadora oficial de Miss Universe Colombia, Miss Teen Colombia y Miss Teen Cundinamarca, en este último, apoyo a Andrés Juan Designer con una candidata que ganó el concurso y es la imagen oficial de Castillo de Reinas. También lo hago con Miss Plus Size Colombia, con Sabrina Lauviah, a quien patrocino desde el año pasado para vestir a sus candidatas con mis trajes de alta costura.

¿Por qué se enfocó en especializarse en quinceañeras?
En Venezuela, viví con mi abuelito, mi mamá, mi padrastro, y había un problema familiar. Así que mis 15 años fueron muy extraños, porque mi abuelo me hizo la reunión, pero como estaba el conflicto con mi padrastro, me sacaron de la fiesta a las 6 de la tarde. No bailé el vals, no me pusieron el anillo ni el cambio de las zapatillas. Los invitados disfrutaron la reunión, mientras la homenajeada, estaba en casa durmiendo. Después de esta experiencia he querido ser grande y exitosa en las cosas que hago, y que lo que no tuve lo puedan vivir otras niñas. A la boutique llega gente de todos los presupuestos. Hace poco me sucedió algo con una niña muy particular; ella tenía la ilusión de su vestido y su familia no contaba con los recursos económicos; le dije: ¿Sabes qué? no importa, ¿cuánto es tu presupuesto?, me dijo, tanto, ¡ah bueno!, yo te doy el vestido. Y lo hago porque sé que el día de mañana esa niña me va a recordar y dirá: ¡Uy!, la señora que me alquiló el vestido hizo posible mi sueño.
¿Qué tendencias se imponen para las quinceañeras?
Ahora están en tendencia los vestidos grandes, pomposos, victorianos, con colas enormes, con moños. La sesión de fotos con caballos está en furor para las quinceañeras. Todas quieren tomarse fotos divinas porque es el recuerdo que realmente les queda.

¿Cómo promociona sus tiendas?
Más que por las redes sociales, soy del voz a voz. Si la clienta se va feliz con su vestido, con el ajuar completo, todo le sale lindo en la celebración. A una fiesta no va una persona, asisten 100 o 150 y, por pequeña que sea, son 70 invitados, y el buen servicio habla por nuestro trabajo.
¿Qué papel juega su empresa en la sociedad?
Le quiero dejar un mensaje a las mujeres de todas las edades. Los sueños sí se cumplen, si te dedicas, eres disciplinado y constante, se pueden lograr muchas cosas. Empecé con 20 vestidos y ahora tengo un inventario con más de 100 diseños de 15 años, más de 700 trajes para galas, grados y fiesta. Mi empresa poco a poco va creciendo. Hace un mes abrí una sucursal en San Andresito de San José, en el Centro Comercial Los Ángeles Plaza Local 305, es la segunda sede de Castillo de Reinas; la principal está ubicada en el barrio Galerías, de Bogotá.
¿Cómo ha sido su experiencia viviendo en la capital?
Amo a Bogotá, me llenó de oportunidades y me brindó lo que en mi país no pude hacer. Quiero limpiar la imagen por los venezolanos que vinieron aquí a hacer cosas malas. Pero, así como hay personas malintencionadas, también hay gente buena, y los buenos somos más. Recuerdo que cuando llegué a buscar trabajo, todos me decían: “Eres venezolana: ¡No!, ¡no!, ¡no! porque no tienes papeles”. Les digo que es posible surgir cuando hacemos las cosa con el corazón; arriba está el que todo lo ve”.
¿Qué colecciones maneja en las tiendas?
Tengo mis proveedores en Estados Unidos que conocen mis gustos y cada año sacan nuevas líneas, nuevos catálogos y me dicen: “Tenemos lo último en tendencias”. Trato de innovar, uno no se puede quedar enfrascado en los mismos diseños, los mismos vestidos.
¿Qué retos vienen?
Me gusta mucho la televisión, entrar a ese mundo sería genial, y poder vestir a una presentadora o a una actriz con mis trajes, es algo que he soñado desde niña. Y si se presenta la oportunidad de actuar también lo haría.
¿Un proyecto para este año?
Quiero crecer mucho, abrir más sucursales, tengo un anhelo muy grande de inaugurar una sede en el Estado Táchira en San Cristóbal, Venezuela.
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Dirección: Carrera 17 # 52-79 Local 202. Bogotá D.C.
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