TUS PALABRAS SE VUELVEN TU REALIDAD

TUS PALABRAS SE VUELVEN TU REALIDAD

Las palabras son como semillas. Cuando hablas algo le das vida a lo que dices. Si lo repites una y otra vez, al final se vuelve una realidad. Cuando hablas estás profetizando tu futuro.

POR JOEL OSTEEN

Si hablas diciendo: “soy bendecido, soy fuerte, pagaré mis deudas…”, no solo estás siendo positivo, estás declarando victoria, éxito y nuevos niveles en tu vida. Ten la seguridad de que avanzarás en la dirección que marquen tus palabras.

Demasiada gente anda todo el tiempo profetizando un panorama nefasto: “nunca logro mis objetivos, nunca estaré en forma otra vez, el negocio va lento, es probable que me despidan, es temporada de gripe y siempre me da…, no son conscientes de que están declarando derrota. Es como si estuvieran llamando a las adversidades, a la mediocridad, a la escasez, a la duda, a la queja.

La Escritura dice: comeremos el fruto de nuestras palabras. Plantamos palabras cuando hablamos y comeremos de ese fruto. Tu desafío es el de asegurarte de plantar el tipo correcto de semillas. Cosecharemos el fruto de las semillas exactas que plantamos. Si son de manzana, no nacerán peras. No puedes hablar negativamente y tener una vida positiva. No puedes hablar derrota y esperar tener victoria. Si tienes una boca pobre, tendrás una vida pobre.

Si no te gusta lo que ves, siembra semillas diferentes. Planta semillas de aumento, de abundancia, de salud, de bendición: Tengo el favor de Dios, las bendiciones me siguen, la gente correcta me está buscando, nuevas oportunidades y nuevos horizontes de prosperidad están en mi futuro. Santiago dijo en la Biblia: Con nuestra lengua podemos bendecir nuestra vida o la podemos maldecir.

Muchos no entienden que con sus palabras maldicen su futuro. Tuve un compañero en el colegio y cuando le preguntaba ¿cómo estás? respondía: “no tan bien, cada vez estoy más viejo, gordo y calvo”. Él era una de las estrellas de nuestro equipo de fútbol. Unos 15 años después lo encontré en el mall y cuando lo vi comprobé que él se había profetizado su futuro. Lucía viejo, gordo y calvo. No hablemos derrota para nuestras vidas. Nuestra actitud debe ser: Estoy rejuveneciendo, Dios renueva mis fuerzas como las águilas, vivo fuerte, saludable, bien parecido, conservo mi cabello, me mantengo en forma, vivo una larga y productiva vida llena de fe y de bendiciones.

Bendice tu futuro. Deja de criticarte y de hablar de las cosas que no te gustan. Todas las mañanas cuando te mires en el espejo dile a tu reflejo: “Buenos días persona bien parecida, talentosa, sana y próspera”. Declara lo que dice la Palabra de Dios: Ningún arma del enemigo forjada en mi contra prosperará, viviré mis días con buena salud, con una mente clara, con buena memoria, mi mente está alerta, mis sentidos están agudos, mi juventud es renovada cada día. Profetiza salud y una larga vida productiva. Tus palabras se volverán tu realidad.

Proverbios 6 dice: Nos enredamos con las palabras de nuestra boca. Eso significa que nuestras palabras nos atrapan. Lo que digas puede hacer que caigas, puede apartarte de tu potencial. Todos tenemos pensamientos negativos, lo fundamental es no pronunciarlos, porque cuando los hablamos se vuelven una realidad. Si dices no tengo talento, no tengo buena personalidad, eso establece los límites para tu vida y estás llamando a la mediocridad.

Quizás has estado atrapado en tus palabras, pero yo declaro que eres libre, cada cadena ha sido rota, toda fortaleza se viene abajo, atrévete a declarar el favor de Dios y darás un nuevo rumbo a tu vida.

Sé audaz para llamar y atraer las cosas con las que sueñas, las cosas por las que estás creyendo, usa tus palabras para cambiar tu situación. En Mateo capítulo 6, Jesús hablaba de no preocuparse por “¿qué comeremos? ¿qué beberemos? Los pensamientos negativos vendrán, la clave es no decirlos. Un pensamiento morirá sin nacer si no lo hablas. Jesús decía, no lo verbalices, no lo atrapes con tus palabras.

Hablar continuamente del problema no solo te va a desanimar más, sino que estás dándole más vida a las dificultades. Dale la vuelta, no hables del problema, habla de las promesas de Dios. “Sirvo a un Dios que es más grande que todas mis dificultades, Él creó el mundo con palabras, nada es difícil ni imposible para Él. Declara, “sé que cuando una puerta se cierra es porque mi Señor tiene algo mejor. Él dirige mis pasos y bendice mi futuro”.

En nuestras vidas hay dos voces compitiendo por atención. La voz de la fe y la voz de la derrota. Puedes escuchar una voz diciendo: el problema es muy grave, nada va a funcionar. Serás tentado a preocuparte, a ser negativo, a quejarte… pero si escuchas con atención oirás otra voz, la de la fe diciendo: Dios tiene una forma, el favor viene, la sanidad viene, los avances vienen… Puedes hacerlo todo en Cristo que te fortalece, tus mejores días están por venir. Debes escoger cuál de las dos voces cobra vida. Cuando verbalizas tu decisión, le estás dando el derecho para que se cumpla.

No le des vida a la derrota, a la escasez, a la enfermedad, a la mediocridad, a la carencia, escoge la voz de la fe que dice que eres fuerte, capaz, talentoso, sano, exitoso, bendecido, un vencedor y no una víctima.

Cuando enfrentas gigantes en tu vida, debes hacer lo que hizo el rey David frente a Goliat. A pesar de las voces que lo señalaban como débil, él profetizó su victoria: “Yo vengo contra ti en nombre del rey de Israel, estoy ungido, estoy preparado”, puso la piedra en la honda y, contra todos los pronósticos de los demás, venció al gigante. Piensa como él: mi casa y yo serviremos al Señor.

Otro hombre de la Biblia, Zorobabel, tuvo el desafío de enfrentar a una gran montaña que parecía invencible; como David, él declaró victoria: ¿quién eres tú, oh gran montaña, para estar en frente de mí?, te volverás un montoncito de tierra. Él declaró que la montaña se allanaría, y así sucedió. No hables de la montaña, háblale a la montaña. Dile a esa montaña de deudas, no puedes derrotarme, te vienes abajo porque yo prestaré y no pediré prestado. Mi copa rebozará.

Cualquier montaña que enfrentes en la vida, no importa cuán grande sea, no retrocedas con temor, no te intimides, levántate en fe y dile: te vienes abajo. Dile a la enfermedad, a la soledad, a ese problema legal: ¿quién eres tú? Debes saber que soy hijo del Dios Altísimo. Mi Padre Celestial creó el Universo y Él sopló vida en mí, me coronó con su favor y me llamó más que vencedor, significa que no puedes derrotarme, te vienes abajo y venceré esta enfermedad, esta adicción, esta dificultad financiera, veré a mi familia restaurada, lograré mis sueños.

Profetiza avance y alcanzarás tus metas. Dios le dijo a Ezequiel, profetiza a esos huesos muertos. Ezequiel empezó a hablarle a la visión diciéndole a esos huesos muertos que volvieran a la vida, convocó piel, músculos, tejidos y mientras hablaba esos huesos empezaron a juntarse como en una película, y tomaron forma humana. Finalmente, Dios le ordenó que profetizara aliento de vida, y la Escritura dice que mientras Ezequiel profetizaba, el aliento de vida entró en esos cuerpos y se levantaron como un gran ejército.

Quizás tengas cosas en tu vida que parezcan muertas: tu salud, tus negocios, una relación… todo lo que puedes ver es un valle de huesos secos. Dios te dice que profetices y llames a la salud, a la abundancia, a la restauración. Soy cabeza y no cola, vivo en abundancia. Dios resucita lo que parecía muerto.

Escribe lo que quieres ver suceder en tu vida; cualquier área en la que libres una lucha, declara a diario que sales vencedor. Decreta: Soy fuerte, soy saludable, estoy en forma, peso lo que debería pesar, estoy lleno de energía y de pasión por lo que hago, soy talentoso, soy seguro, soy valioso, tengo confianza en mí, tengo buena personalidad, le gusto a la gente, es divertido estar conmigo, soy feliz, disfruto mi vida, soy una persona de excelencia, estoy lleno de integridad, soy exitoso, soy próspero, mi futuro es brillante, mis hijos son poderosos en la Tierra, mi legado vivirá para inspirar generaciones, camino con propósito en cada paso, soy bendecido, soy victorioso, soy un hijo del Dios Altísimo y Todopoderoso. Estas palabras calarán hondo en tu interior, cobrarán vida porque cambiarán tu perspectiva, estas palabras se volverán tu realidad. Se convierten en parte de tu vocabulario diario, te convencerás de ello, y en lugar de estar atrapado por tus palabras, serás impulsado por tus palabras. Santiago dijo en las Escrituras, como un gran timón, tu lengua dirige tu destino. Asegúrate de dirigir ese timón en la dirección correcta.

Si hablas lo correcto obtendrás la vida plena que deseas y cada vez volarás más alto. Creo y declaro que conquistarás y vencerás cada obstáculo y serás la persona plena que Dios quiere que seas, en el nombre de Jesús. Amén.

Señor Jesús me arrepiento de mis pecados, entra en mi corazón, te hago mi Señor y Salvador.

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