“Se oye un rumor lejano de serenata
de murmullo que llega junto a la clara luna de plata.
Románticas canciones de mis abuelos
con perfume de ceibas, de naranjales y de ciruelos”.
de murmullo que llega junto a la clara luna de plata.
Románticas canciones de mis abuelos
con perfume de ceibas, de naranjales y de ciruelos”.

Por: Joaquín Reyes Posada
Fotos: Archivo personal y Pixabay
Este bambuco de Víctor Julio Romero, interpretado por Silva y Villalba y por otros duetos y tríos colombianos, me hace regresar a mi época de juventud cuando decidíamos que la forma más romántica de enamorar a la niña de nuestros sueños era trasnochar, enfrentarnos al sereno (de ahí probablemente se derive la palabra serenata) esperar que la luz se encendiera como prueba de aceptación, comer trocitos de panela para aclarar la voz y lanzarnos al ruedo con cinco canciones de amor, que lejos de tener calidad interpretativa, era nuestra expresión sincera del sentimiento y la forma de declararnos bajo la luz de la luna, esperando que los papás no pusieran problema ni nos echaran al perro para ahuyentarnos del antejardín de la casa.
Las serenatas nacieron en Europa, continente donde el romanticismo fue un estilo de vida usado en el arte, la literatura y la música. La época medieval fue característica cuando trovadores y juglares recorrían las ciudades cantando historias de amor. Dichas canciones nocturnas llamadas serenatas, llevaban los mensajes ocultos de los enamorados. En algunos países de Europa los caballeros que pretendían ser beneficiados con el amor, buscaban la manera de acercarse y cantar bajo los balcones de las mujeres amadas. Los instrumentos básicos eran la guitarra y el laud.
La influencia de la cultura europea, principalmente de España, se hizo latente y la tradición se extendió a México, Cuba y por efecto de demostración a otros países de América Latina. En Colombia se hizo notorio el grupo de mariachis, hasta el punto de ocupar varias cuadras en Chapinero para ofrecer sus servicios, frente a bares de la zona donde el eco de una rocola se escucha desde la calle. También en nuestro país o en Venezuela los grupos llamados rondallas son los encargados de brindar las serenatas.
Debo decir, que tal costumbre se ha ido perdiendo lastimosamente, porque más que un rato de entretenimiento era una confesión de amor muy estimada en los años 70 y 80, una profunda prueba de amor, un gesto, un pedir perdón y reclamar la reconciliación en otros casos. Cuando nos reuníamos en alguna casa para ensayar, quienes tocábamos o rasgábamos la guitarra, ensayábamos las maracas acompañantes para hacer más atractivo el repertorio, Antes de las doce de la noche hacíamos presencia el escenario de los acontecimientos y como quien se lanza al agua, comenzábamos a cantar “Sin ti” “Te amaré toda la vida” y otros tres boleros famosos.
Recuerdo una serenata que mi hermano le llevó a quien deseaba conquistar. Cuando llegó a su casa, se encontró con la sorpresa que se escondía bajo la ventana de la habitación. Otro enamorado se había anticipado y tres guitarristas llevaban un rato cantando. Cuando terminaron, él no tuvo impedimento y esperó a que se retiraran los músicos para iniciar el segundo concierto de la noche, convencido de que al día siguiente sería el novio oficial. Y así fue.
Otra serenata famosa que recuerdo con especial énfasis, se la llevó el novio de mi hermana, un joven ricacho que no tuvo problema en contratar a dos grupos de mariachis, llevar caja de whisky y refrescos, organizarlos en el antejardín de mi casa y ponerlos a cantar de manera armónica y sincronizada pese a que no habían tenido tiempo de ensayar. Como era de esperarse, el ruido despertó a los vecinos, algunos molestos y otros agradecidos por alegrar la fría noche bogotana.
Las más luctuosas serenatas se dan en los cementerios, para despedir a un pariente o amigo fallecido, mariachis, duetos y tríos le cantan las canciones que siempre prefirió en vida. En medio de la solemnidad que reclaman dichos lugares, la música rompe el silencio y la tradición, cuando las familias expresan su amor por quien partió de este mundo.

En este tiempo donde la juventud sólo escucha reggaetón, las serenatas pasan a ser objeto de la nostalgia en personas mayores, es raro ver en alguna calle bogotana o de cualquier ciudad, a dúos o tríos cantando. Así que los músicos ahora tienen que irse con su música a otra parte. La serenata en algunas ocasiones se da en recintos cerrados, en casas donde hay algún cumpleañero o en el Día de la Madre. Los tiempos cambian, así como la manera de expresar el amor. Así que los músicos ahora, tienen que irse con su música a otra parte.

