Cifras de la OMS y UNICEF señalan que aproximadamente 1 de cada 7 adolescentes en el mundo vive con un trastorno mental, situando a la ansiedad y la depresión asociadas a la hiperconectividad entre los principales desafíos actuales.
En el marco del 24 de julio (24/7), desde el programa de Psicología de la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO) se advierte sobre el impacto de las redes sociales en los jóvenes colombianos y propone tres estrategias de autorregulación emocional.
En la conmemoración del Día Internacional del Autocuidado, fecha establecida a nivel global para recordar la importancia de mantener hábitos saludables las 24 horas del día, los 7 días de la semana (24/7), la salud mental de los adolescentes y jóvenes toma el centro del debate. En Colombia y el mundo, el autocuidado se ha vuelto prioridad psicológica frente a los efectos de la sobreexposición a las redes sociales.
- Cifras de la OMS y UNICEF señalan que aproximadamente 1 de cada 7 adolescentes en el mundo vive con un trastorno mental, situando a la ansiedad y la depresión asociadas a la hiperconectividad entre los principales desafíos actuales.
- En el marco del 24 de julio (24/7), desde el programa de Psicología de la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO) se advierte sobre el impacto de las redes sociales en los jóvenes colombianos y propone tres estrategias de autorregulación emocional.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)1, se estima que el 14% de los adolescentes de entre 10 y 19 años padece un trastorno mental diagnosticado. Por su parte, informes de UNICEF señalan que los cuadros de ansiedad y depresión representan cerca del 40% de los diagnósticos en la juventud, agravados en los últimos años por factores como el aislamiento, la presión social en plataformas digitales y la comparación constante.
Esperanza Gaona Pérez, decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la IBERO, rescata los reportes del Ministerio de Salud en Colombia, en donde advierten que los jóvenes constituyen el grupo etario con mayor vulnerabilidad frente a problemas de salud emocional y que el uso ilimitado de redes sociales incide en la alteración del sueño, síntomas depresivos, ciberacoso y baja autoestima. Respecto a esto, la decana menciona: «Vivimos en una cultura de hiperconectividad; entornos digitales premian la inmediatez y la búsqueda de validación externa, generando fatiga cognitiva e hiperalerta en los jóvenes».
Gaona hace énfasis en que: «El problema con las redes sociales aparece cuando su uso se vuelve compulsivo, dejando de ser una herramienta para la conexión y sustituye otras formas de vínculo y descanso emocional». Es por esto que el autocuidado psicológico en el siglo XXI exige poner límites a la presencialidad digital para resguardar el bienestar emocional e interpersonal, por eso desde la Corporación Universitaria Iberoamericana (IBERO) y programa de Psicología compartimos tres prácticas clave enfocadas a los jóvenes, para implementar un autocuidado integral en la era de las redes sociales:
-
Horarios sin pantalla antes de dormir: Evitar redes sociales al menos 60 minutos antes de acostarse; esto protege el ciclo del sueño y reduce la comparación social nocturna, mitigando uno de los factores de ansiedad reportados en adolescentes.
-
«Detox» periódico de contenidos: Revisar cada cierto tiempo los contenidos y a quién se sigue, y dejar de seguir cuentas que generen comparación constante o malestar, priorizando aquellas que aporten bienestar real.
-
Cambiar el scroll infinito o “doomscrolling” por conexiones en el mundo real: Destinar parte del tiempo que se invierte viendo contenido en redes sociales a actividad física o ejercicio, pasatiempos o conversaciones cara a cara, para fortalecer la autoestima y reducir la dependencia de la validación digital.
En este Día Internacional del Autocuidado, la IBERO hace un llamado a las familias, educadores y jóvenes a abrir espacios de conversación honesta sobre la salud emocional. El autocuidado debe ser una práctica diaria de salud pública donde el primer paso para volver a conectar con nosotros mismos es aprender a desconectarnos del entorno digital.

