El sabor desplazó progresivamente al precio como principal criterio de compra, mientras el interés por el origen del grano, la frescura y los métodos de preparación está redefiniendo la cultura cafetera en Colombia.
El café colombiano vive una transformación que va mucho más allá de la producción. De acuerdo con la Federación Nacional de Cafeteros, el consumo interno se mantiene en 2,28 millones de sacos anuales, el mercado colombiano de café empacado continúa mostrando una sólida evolución. De acuerdo con NielsenIQ, la categoría en retail alcanzó ventas por aproximadamente USD 550 millones en el último año y acumula un crecimiento superior al 40% en los últimos dos años. Detrás de estas cifras hay un cambio de fondo: los colombianos están evolucionando hacia una forma más consciente de consumir café, impulsando un mercado donde el origen, el sabor y la experiencia adquieren cada vez mayor relevancia.
Durante muchos años el reconocimiento estuvo puesto en la capacidad de Colombia para producir uno de los mejores cafés del mundo. Hoy estamos viendo un fenómeno igual de importante: los colombianos también quieren conocer y disfrutar mejor el café que consumen. El consumidor ya no busca únicamente una bebida; quiere entender su origen, descubrir nuevos perfiles de sabor y vivir experiencias alrededor de cada taza», afirma Rodrigo Ernesto Tercero Gómez de Café OMA.
La evolución del consumidor ya se refleja en sus decisiones de compra. Según el Consumer Understanding and Usage Study (CUAS 2024), el sabor se convirtió en el principal criterio para elegir una marca y también en la principal razón para probar una nueva propuesta, desplazando progresivamente al precio como principal factor de decisión. Al mismo tiempo, dos de cada tres colombianos (66%) preparan el café justo antes de consumirlo, una práctica que evidencia una creciente valoración por la frescura y la calidad de cada preparación.
Este cambio también está impulsado por las nuevas generaciones. Aunque la preparación tradicional con olla, colador y café molido sigue predominando en los hogares colombianos, millennials y centennials están ampliando el universo del café hacia bebidas frías, cafés de origen y experiencias en tienda. Paralelamente, aumenta el interés por conocer la trazabilidad del grano, los métodos de preparación y las prácticas sostenibles que hacen parte de la cadena cafetera, consolidando un consumidor más informado y dispuesto a invertir en productos de mayor valor agregado.
En este escenario, las marcas de café han asumido un papel cada vez más relevante en la promoción de la cultura cafetera. Más allá de ofrecer una bebida, hoy acercan a los consumidores al conocimiento sobre variedades, procesos, perfiles de sabor y métodos de preparación, fortaleciendo el vínculo entre el origen y la taza y contribuyendo a que los colombianos valoren cada vez más la riqueza del café producido en el país.
«El reto para la industria ya no es únicamente ofrecer una buena taza de café. También debemos contribuir a formar consumidores que valoren el origen del grano, el trabajo de las familias caficultoras y la riqueza de la tradición cafetera colombiana. Fortalecer ese conocimiento es fundamental para seguir construyendo una cultura cafetera cada vez más sólida y cercana a las nuevas generaciones», agrega Rodrigo Ernesto Tercero Gómez, de Café OMA.
Esta transformación ocurre en una industria que genera cerca de 592.000 empleos directos y representa más del 11% de la canasta exportadora colombiana, consolidándose como uno de los principales motores económicos y sociales del país. Para Café OMA, el Día Nacional del Café representa una oportunidad para reconocer que Colombia no solo continúa siendo un referente mundial por la calidad de su producción, sino que también está consolidando una nueva generación de consumidores que entiende, valora y disfruta el café como nunca antes.

