Muchas situaciones en la vida derriban nuestros sueños, pero nada de lo que le haya sucedido es sorpresa para Dios. Él vio cada injusticia, cada adversidad, y sabía cada error que íbamos a cometer, pero el Señor no se dedica a condenar gente, se enfoca en restaurarla.
POR JOEL OSTEEN / FOTOS PIXABAY
Podemos cometer errores, desviarnos del camino; no estamos donde deberíamos estar. Es fácil sentir culpa, frustración, derrota… otras personas nos ponen en desventaja porque dejaron heridas, cicatrices que afectan nuestra imagen. Dios quiere devolverlo al camino correcto para que llegue a ser la persona que Él creó. El rey, el creador de todo el universo, lo está buscando para volver a levantarlo, para soplar vida en sus sueños, e impulsarlo hacia su destino.
Fue lo que sucedió con uno de los personajes de la Biblia: Mefiboset, nieto del rey Saúl e hijo de Jonatán, el mejor amigo de David. Nació en la realeza y su destino era tomar el trono algún día. Sin embargo, a sus cinco años, todo cambió. Tanto su padre como su abuelo, fueron asesinados en una batalla el mismo día. Los hombres que los atacaron iban a aniquilar a toda su familia. Cuando llegaron al palacio, la niñera de Mefiboset lo agarró tan rápido como pudo, echó a correr, intentando esconderlo para salvarle la vida. Infortunadamente, tropezó en unas escaleras y cayó. Mefiboset se golpeó tan fuerte que se rompió ambas piernas y quedó paralítico. A veces, personas buenas nos pueden lastimar. La niñera estaba tratando de hacer lo correcto, pero tropezó y esto le costó al niño su movilidad.
La vida no es justa. Como a Mefiboset, quizá alguien lo puso en desventaja, se tropezó y lo dejó a usted en desventaja. Mefiboset quedó lisiado. Nosotros igual, podemos tener un área de cojera qué vencer. Es fácil poner excusas, “si no me hubiera tropezado, si me hubieran criado mejor, si mi ser amado no hubiese muerto…”
Podemos culpar al pasado, pero poner excusas solo logrará apartarnos de nuestro destino. Debe aceptar las circunstancias y sacar lo mejor de ellas. Quizá no haya sido justo, pero Dios sabe cómo voltearlo para usarlo en su beneficio. En lugar de culpar a otros, usted puede levantarse y cerrar el ciclo negativo. La vida de Mefiboset cambió de un momento a otro. Ya no heredaría el trono, no podía caminar, terminó viviendo en Lodebar (sin pasto), una de las ciudades más pobres de esa época. Debe saber que su ubicación no cambia su identidad. Dios sopló su aliento de vida en usted, le puso una corona de favor. Quizá hoy se sienta viviendo en Lodebar, en medio de circunstancias que no le gustan. Déjeme animarlo: nada de lo que le haya sucedido ha cambiado su identidad, todavía es un hijo del Dios Todopoderoso. Quizá esté en Lodebar, pero no deje que Lodebar esté en usted.
Años después, el rey David estaba en el trono, recordó a su buen amigo Jonatán, y tuvo el deseo de ser bueno con su familia. Le preguntó a su personal si aún vivía alguien de la casa de Saúl, le respondieron: creemos que el único que vive es el hijo menor de Jonatán, su nombre es Mefiboset, pero está lisiado y vive en Lodebar. David los envió de inmediato a traerlo a palacio. Los soldados llegaron a su puerta y le dijeron: Mefiboset, el rey te está buscando. Se llenó de temor, pensó que había llegado su hora de morir; no puedo ir, dijo, no puedo caminar. No te preocupes, nosotros te cargaremos. Así funcionan las cosas con Dios. Si no puede caminar, Dios se encargará de que alguien lo lleve hasta su destino. David entró en la habitación y Mefiboset, temblando, se postra a sus pies en señal de respeto. El rey le dice: no tengas miedo, te traje aquí para ser bueno contigo, para restituirte toda la tierra que perteneció a tu familia, te la voy a regresar, y no solo eso, de ahora en adelante, cada noche cenarás en mi mesa. Mira a tu alrededor, los guardias que te trajeron aquí, los ayudantes, todos trabajarán para ti también. Ellos cultivarán tu tierra y te traerán las ganancias. El Dios de David, es el Dios al que servimos.
A veces, cuando escuchamos que el rey nos está buscando, pensamos: mejor me escondo, no quiero que Dios me halle, tengo muchas debilidades… Él no lo está buscando para condenarlo ni para juzgarlo, lo está buscando para restaurarlo, para devolverle todo lo que le pertenece: gozo, paz, honor, libertad, abundancia, victoria. Lo quiere compensar por todo lo que había perdido. El salmista dijo: Dios salva a los quebrantados y venda sus heridas.
Cuando las cosas van mal en Lodebar, es fácil que se sienta derrotado. Pero Dios lo está buscando para sanar sus heridas y hacerlo sentir completo otra vez. De eso se trata la misericordia, Dios no nos da lo que merecemos, no nos desecha cuando nos descarriamos, todo lo opuesto. Él lo viene a buscar. Cuando cometemos errores, Dios no nos ama igual, Él nos ama mucho más y no nos dejará solos hasta que nos vea completamente restaurados.
Quizá hoy se sienta en Lodebar, pero ese no es su hogar, el rey lo está buscando. Él tiene una túnica de honor para entregarle. No deje que las voces condenatorias lo convenzan de que lo arruinó demasiado. La Escritura dice que el llamado de Dios es irrevocable. Significa que el Señor no cambia de opinión, aunque cometamos errores. Debe ponerse de acuerdo con Dios. Mefiboset acudió con humildad y recibió su restitución. Dios no se va a rendir hasta que lo saque de Lodebar y lo lleve al palacio, hasta que usted sea restaurado y cumpla su propósito.
Lo grandioso de Dios es que, si usted no puede llegar por sí mismo, Él enviará a alguien para que lo lleve cargado. Así como David decidió ser bueno con Mefiboset, creo y declaro que llegan personas que desean bendecirlo, recibe favor y honra, usted sale del quebrantamiento a la plenitud de su destino.
Oremos: Señor Jesús me arrepiento de mis pecados, entra en mi corazón, te hago mi Señor y mi salvador. Amén.

