Es fácil ir por la vida usando diversas máscaras, pero para estar bien, debe ser auténtico, honesto consigo mismo. Cuando deja de andar fingiendo, es cuando Dios puede cambiar las cosas.
POR JOEL OSTEEN
Nos escondemos tras una máscara de orgullo, pero Dios no bendecirá a quien usted pretende ser, lo hará con quien usted es. Él no busca gente perfecta ni personas que no tengan problemas, sino a aquellos que reconozcan: Tengo este mal hábito, necesito tu ayuda. Se quita la máscara de que todo está bien, reconoce que lucha con su temperamento, que comete errores, que lo arruinó, y necesita su perdón. Cuando usted es honesto con su vida, con su situación, abre la puerta para que Dios entre y empiece a cambiar las cosas.
Mientras permanezcamos fingiendo, para evitar tratar con los asuntos verdaderos, estos no van a mejorar. Es lo que pasó con los fariseos en las Escrituras. Eran los líderes religiosos, hacían lo correcto, pero no recibían recompensa porque actuaban por el motivo equivocado; iban al templo cada semana, sin embargo, no asistían para adorar, iban para ser vistos, para que la gente pensara bien de ellos. Hacían oraciones largas y sofisticadas, no porque fueran sinceros sino para impresionar a los demás; daban su dinero, apoyaban a los pobres, solo para que esto los hiciera verse bien. Estaban haciendo lo correcto, pero sus motivos eran equivocados, usaban máscaras. Y he aquí la clave: Su vida interior es más importante que la exterior. Jesús dijo: Benditos los puros de corazón.
A menudo nos deberíamos preguntar: ¿Por qué estoy siendo bueno; estoy tratando de ayudar o busco impresionar? ¿Por qué trabajo 80 horas a la semana? Porque necesito los fondos, o porque intento demostrarle a los demás que soy exitoso. ¿Se mueve por el aplauso o lo hace para agradar a Dios? Examine su vida interior. No recibe recompensa pues actúa por la razón equivocada. Es difícil admitir: No tuve los motivos correctos, quizá estoy halagando a un colaborador, para que él vaya hablando bien de mí. Está sonriendo, felicitando a su compañero por el ascenso, pero en sus adentros piensa que no lo merece. Mire en su interior para identificar las cosas que detienen su proceso.
Existe gente muy talentosa que no sale adelante porque no abordan sus asuntos ocultos, lo que los mueve realmente, su carácter, su orgullo… Pablo dijo en 2 Corintios 4: rehusamos usar máscaras, mantenemos todo frente al dominio público, la verdad entera frente a la vista. Es el tipo de gente que debemos ser. Nuestra vida es un libro abierto, no usamos máscara alguna, diciendo una cosa y pensando otra completamente diferente. Nuestros motivos son puros; no somos perfectos, pero lidiamos con los problemas, sin fingir, sin ocultar, somos auténticos. Cuando vive así, siendo abierto y honesto, Dios lo moldeará en una vasija de honor, usada para sus propósitos más altos, lo llevará más lejos de lo que jamás imaginó.
Cuando se quite la máscara, Dios vendrá corriendo hacia usted. Cuando se quite la máscara, cuando diga: necesito ayuda con esta ira, con este temperamento; Dios hice un gran desastre en mi matrimonio; cuando es humilde para decir: he llegado al límite de mi vida, no puedo vencer esta adicción en mis propias fuerzas, no puedo enderezar mi vida; cuando reconoce que necesita la ayuda de Dios, Él hará que sucedan cosas que usted en sus fuerzas nunca lograría.
¿Está usando máscaras? ¿Se esconde tras una máscara de orgullo, sin querer pedir ayuda, muy avergonzado para admitir que algo está mal? Dios no va a culparlo por sus errores, Él sabe cada cosa que sucede, conoce nuestros defectos, dificultades, nuestros fracasos; usted no tiene que fingir, puede ser honesto. Fue lo que hizo el rey David cuando cometió un error grave: trató de ocultar su adulterio; envió al marido de Betsabé al frente de batalla para que fuera asesinado, y cuando esto ocurrió, la tomó como esposa y actuó como si nada, se puso la máscara. El problema es que cuando usamos máscaras quedamos por fuera del favor de Dios, nos salimos de su protección y de su bendición. Por un año, David estuvo abatido, se enfermó, se debilitó y todo tipo de problemas se vinieron en su contra. Normalmente, hubiera podido vencerlas, él había derrotado a Goliat, había superado la persecución de Saúl con grandes ejércitos, pero ahora las cosas habían cambiado. En el fondo, David sabía cuál era el problema. Era bastante listo para ser honesto consigo mismo y se quitó la máscara. En el salmo 51 dijo: Señor, reconozco mis rebeliones, admito que he actuado mal. El primer paso para la recuperación es aceptar que ha obrado mal, no puede vencer lo que no admitirá. Es fácil esconder una adicción o cualquier otra área con la que luche, pero, así como le ocurrió a David, todo lo que esconda lo corroerá en su interior, es como un veneno. Es mucho más fácil ser auténtico, ir a Dios y decirle: reconozco que he cometido este error, reconozco que aún estoy luchando en esta área. David siguió diciendo: “Dios, tú deseas verdad en lo íntimo”, fue cuando se quitó la máscara y fue auténtico.
Dios no le recrimina sus errores, Él tiene misericordia, perdón, nuevos comienzos, pero usted debe hacer su parte: quítese la máscara. Él ya sabe con lo que usted lidia; no es una sorpresa para Dios, así que cuando le pide ayuda, perdón, misericordia, Él empezará a restaurarlo y lo volverá a poner en el camino. Como cuando David clamó: Dios, crea en mí un corazón limpio. Restaura en mí el gozo de tu salvación; lo sacó a la luz y pidió perdón. Dios lo perdonó, lo restauró, y él siguió haciendo grandes cosas. El Señor hará lo mismo por usted.
David no solo se quitó la máscara del pecado, debajo había otra máscara de vergüenza, y esta nos puede apartar de nuestro destino. El Señor ya pagó el precio, no tiene que tratar de restituirle a Dios, no tiene que vivir con culpa y condenación, Él tiene misericordia por cada error que haya cometido.
La Escritura dice: confiesen sus pecados unos a otros y serán sanados. Si sigue ocultando cosas, ignorándolas, eso no se va a ir, se tiene que quitar la máscara, sin preocuparse por lo que pueda pensar la gente. Todos estamos luchando con algo, no hay gente perfecta, no se avergüence de sus debilidades. Al enemigo le encantaría que usted toda su vida estuviera usando máscaras, fingiendo, no tratando con los asuntos verdaderos… hay una libertad cuando se quita la máscara y usted es auténtico.
Pablo dijo en 2 de Corintios 3: Vemos la gloria de Dios con rostros descubiertos. Mientras mantenga su rostro oculto por una máscara, no verá la gloria de Dios. Si usa una máscara de perfección, fingiendo que todo está bien cuando no es así, eso lo apartará de lo mejor de Dios. Cuando hay verdad en su interior, verá que las cosas empiezan a cambiar. Si usa la máscara de vergüenza se va a estancar, porque la Palabra dice que el Señor nos lleva de gloria en gloria. Él no nos cambia de orgullo a gloria, sino de gloria en gloria.
Un rostro descubierto no significa perfección, que no luchamos en ninguna área; significa que somos un libro abierto, no estamos fingiendo, somos auténticos. Dios pasa por alto nuestros fracasos, nuestros errores, ve más allá de la máscara de lo que pretendemos ser. Dios sabe quién es usted realmente, Él es quien sopló vida en usted, Él puso semillas de grandeza en su interior, Él ve su potencial y lo que es capaz de hacer. No importa lo que haya hecho en el pasado, Dios no lo ha desechado, y aún puede llevarlo a su destino. Si se quita la máscara, Dios cambiará áreas que usted en sus fuerzas nunca podría. Lo ayudará a vencer la adicción, la ira, lo ayudará a tomar mejores decisiones, lo llevará a vivir confiado y seguro. Dios ya sabe con lo que usted está luchando, no tiene que ocultar sus ineptitudes, sus fracasos. Las personas que obtienen ayuda son las que son auténticas, lo bastante honestas para decir: no lo tengo todo resuelto, me sigo quedando corto, sigo cediendo ante esta tentación, estoy luchando en mi matrimonio, estoy lidiando con este desánimo, pero no voy a usar ninguna máscara más, sé que cuando mi rostro esté descubierto, veré tu gloria, sé que entonces tú me cambiarás y me moldearás. Cuando haya verdad en su interior, Dios cambiará áreas que usted no pudo cambiar antes, Él hará que suceda, lo que usted no es capaz de hacer suceder.
¿Está usando alguna máscara hoy? De orgullo, de vergüenza, de soberbia tratando de impresionar a los demás. Eso hará que se estanque. Examine su vida interior, asegúrese de que sus motivos sean puros, que hace las cosas por las razones correctas, si toma estas decisiones, creo y declaro que la salvación llega a su casa hoy. Eso significa libertad, avance, liberación, sanidad, la plenitud de su destino, en el nombre de Jesús, amén.
Oremos: Señor Jesús, me arrepiento de mis pecados, entra en mi corazón, te hago mi señor y salvador.

