En esta nueva entrega vamos a narrar otra historia de mar, pero en el contexto del mar verde que ocupa un poco más de las dos terceras partes del territorio de nuestra Colombia.
POR LUIS BENJAMÍN CEDIEL GUZMÁN*
FOTO JUAN CARLOS GUERRERO BELTRÁN Y ARCHIVO PARTICULAR
Algo aún desconocido hacia los años sesenta del siglo pasado, que se comienza a conocer por los colombianos a partir de los años 70 y que inicia su integración y desarrollo sorprendente ya para finales del siglo XX, que promete ser el territorio más importante para la nueva Colombia del siglo XXI.
Vamos a emprender la reconstrucción de su alegre música a partir del momento en que aparece el Fandango en Italia como un arte para salón cortesano, y es interpretado con instrumentos para Música de Cámara -maderas frotadas, laúd-. Una disrupción recreativa poco menos que herética en un contexto medieval dominado por la inquisición del S. XIV. Además de música, ahora se baila para mejorar las distracciones aristocráticas.
Con el descubrimiento de América en el S. XV, llega el oro y corre a rodos en la corte del Reino, que se posiciona ahora como el más rico de Europa junto a Portugal. Las ciudades ricas son Cádiz y Sevilla. Los músicos italianos van a España a ofrecer su arte cortesano. Su Fandango de Salón. Allá encuentran que hay una base musical ya depurada donde incorporan castañuelas y panderos, instrumentos que introducen para acompañar a su elenco de Cámara.
Como todo lo cortesano resulta imitado a nivel popular, el pueblo hace su versión bailable popular echando mano a instrumentos de uso corriente en el sur, de marcado acento morisco, porque la morería sale expulsada del reino de Castilla en aquel mismo 1492. El Califato de Granada cayó el 2 de enero de 1492. Allá se toca la guitarra, castañuelas, flautines y panderetas. A esta variación se le da el nombre un poco despectivo de Fandanguillo. Como detalle curioso, cuando en todas las ciudades y pueblos de la Andalucía, se menciona Fandanguillo lo asocian de inmediato con Cante Jondo, que adiciona al baile palmas, taconeo y expresión corporal.
El cantar popular es lo que acompaña a los colonizadores y el Fandanguillo es la moda. Una moda tan disruptiva como pudieron ser en su momento bolero, tango, mambo, guaracha, salsa, fox trot, rock, lambada, champeta, rap… y es entonces cuando colonos y marineros lo llevan junto a los sones provincianos de forma muy humilde y precaria hacia las Indias.
El único puerto de escala antes de aventurarse a hacer la travesía Atlántica es el de las Islas Canarias. El viaje de Cádiz a las islas dura casi un mes de navegación, y donde se hace la última aguada, se carga leña para cocinar y se aseguran los últimos alimentos. Allá desembarca el Fandanguillo y como el archipiélago está formado por islas distantes entre sí, pues se dan variaciones marcadas e inclusive con la adición de instrumentos locales.
Se embarcan los viajeros y siguen aproando francos hacia poniente (el oeste) y arriban al Collar de las Mil Vírgenes. Puede ser a la altura de la Martinica. Allá, ya en el Mar de los Caribes, algunos navíos van por la ruta o Carrera del Norte, cruzando por las que hoy llamamos islas Bahamas y el Estrecho de La Florida, encontrando Borinquen (Puerto Rico), Quisqueya o Guanahani (bautizada como La Española y hoy Dominicana), Janahica (Jamaica), Coiba (Cuba), y terminan desembarcando en San Juan de Ulúa o Veracruz, en la Nueva España (en lo que hoy es México).
Por el sur se dirigen a lo que Colón denominó en su Tercer Viaje como la Tierra de Gracia y que se terminó por llamar Tierra Firme, antes de mucho después llamarse Nueva Andalucía, más adelante Nueva Granada. Luego de doblar los galeones por Santo Tomás o Santa Lucía se arribaba al archipiélago de Las Margaritas en la rada de Pampatar. Se daba Gloria Dios y se entonaba un Te Deum.
El primer poblado ya en Tierra Firme era el puerto nativo de Cumaná. Algunos siguieron costeando y poblando puertos costaneros, doblando la península de La Guajira, para arribar a Santa Marta y Cartagena de Indias, antes de seguir a Panamá, donde llega la plata proveniente de Cuzco con su mina del fabuloso Cerro de Potosí, y así llegó el Fandanguillo al Perú. En la rica región poblada por la etnia de los Sinúes se quedó como Fandango. El Fandango costeño de Córdoba.
Cuando se consolida el virreinato de la Nueva España como el más rico en las Indias arriban compositores y músicos italianos. Por ello, allá se desarrolla una rica producción de ópera y, al final, incorpora temas de su historia nativa. Aunque la primera ópera se interpretó en Perú.
Volviendo a aquel puerto de Cumaná, y poco más adentro en el poblado de Cumanacoa, llega lo que llaman Fandanguillo para amenizar convites familiares y de vecindario, y se encuentran con que los nativos, a este tipo de reuniones, las llaman Joropo. ¡Es de ellos la expresión de “Se armó el joropo”! que significa “¡Comenzó la fiesta!”. Entonces, adiós al Fandanguillo y, en adelante, a son y convite se lo llamó Joropo.
Como las costas y manglares costaneros eran malsanos por la malaria (calenturas) y otras pestes, los colonizadores buscaron las más sanas alturas andinas para salvar a sus familias. Por ello, el poblamiento costanero y de las Llanuras se dio más lento.
Fue progresando hacia los Llanos y los tenaces colonos de las Canarias, fueron quienes se aventuraron a someter aquellas llanuras ilímites y aparentemente sin fin. Como la distancia entre poblado y poblado era enorme, antes de aparecer las Provincias, el ahora famoso Joropo fue asumiendo variaciones propias en cada sitio. Lo más elemental fue interpretar el Joropo igual que el Fandanguillo del sur de España. Guitarra, pandereta, la bandolina, y se toma lo nativo de sus etnias: las taparas o maracas. Se desarrolla el guitarrón, la bandola llanera, hasta que aparece muy tardío el cuatro, que no es más que el charango canario simplificado. Más tarde, la negritud aporta para la percusión sus tambores y el cajón peruano. En adelante, arriba el arpa y se configura el conjunto llanero típico, que como mínimo consta de arpa, cuatro y taparas. El resto son adiciones sofisticadas acaecidas en cada sitio.
En esto se basa la propuesta académica del ensamble Valentino Caroprese y su Piano Joropo. Como una prueba más y testimonio del progreso evolutivo de este movimiento musical.
*Luis Benjamín Cediel Guzmán es arquitecto egresado de la Universidad de los Andes. Especialista en Arquitectura Industrial y Petroquímica. Consultor y Planificador Industrial. Actualmente es miembro del Capítulo CIVITAS de UNIANDINOS, y Vicepresidente de Negocios de la Cámara de Comercio Colombo Dominicana.

