Es de justicia hacer memoria de dos de los más grandes escritores europeos, fallecidos con un día de diferencia: Miguel de Cervantes Saavedra, 22 de abril, y William Shakespeare, 23 de abril de 1616. El primero cultivó las letras en España, el segundo en Inglaterra.

Por: Joaquín Reyes Posada
Fotos: Pixabay
El mundo cultural lleva cuatro siglos de soledad literaria a raíz de la muerte de estos dos grandes hombres. Su legado sigue vivo luego de cuatrocientos diez años y la proyección de sus escritos continúa mirando al futuro de la cultura universal. Leer las obras de tan insignes escritores enriquece el espíritu. De lenguas diferentes, pero de enorme valor cultural, su papel en la literatura ocupa lugar preeminente en el gusto de los lectores por contenidos sugestivos e historias diversas.
Miguel de Cervantes, nacido en la ciudad de Alcalá de Henares, noroeste de Madrid capital de España, creó un personaje llamado Alonso Quijano, quien imbuido hasta la saciedad con la lectura de los libros de caballería que tuvo a su alcance, sale a recorrer el mundo convirtiéndose en el Ingenioso Hidaldo don Quijote de la Mancha. Montado en su caballo Rocinante y acompañado por su fiel escudero Sancho Panza, generan múltiples situaciones abocados a toda suerte de vicisitudes producto de las alucinaciones recurrentes del Quijote, enfrentamientos con molinos de viento y con enemigos imaginarios.
Intensas jornadas de viaje, llegada a lugares increíbles, fondas de camino y hostales, sus embrollos y conflictos son difíciles de entender en una realidad transformada por el flaco y desgarbado personaje de ficción, loco de remate que ostenta dignidad de Caballero tan respetada por aquella época. Con la creación de este ser humano singular y único, Cervantes supo ofrecer a la literatura de su tiempo una alucinante temática, la de los sueños y la imaginación creativa.

En otra realidad diferente William Shakespeare trabaja el drama. Escribió poesía y según algunos críticos, sólo los poemas le habrían bastado para pasar a la historia con amplio reconocimiento. Toda su obra trágica revela la condición humana de manera cruda y realista, dramaturgia intensa reflejo del momento en que vive el autor nacido en Stratford-upon-Avon, Inglaterra. Sus piezas de teatro abordan una temática compleja que se resume en una lucha personal incentivada por el deseo de conquistar poderío a toda costa. Relaciones tensas, encuentros cargados de intensidad psicológica entre personajes protagónicos y contradictorios, la fuerza sobre la razón, la prepotencia, el apetito desbordado en busca del poder.
Hamlet, El Rey Lear, La Tempestad, Romeo y Julieta, Otelo y Julio Cesar, entre otras piezas, plantean los conflictos que se derivan de los excesos, los celos y el ansia de dominio. En aquel contexto complejo salen a flote los deseos más profundos y las más oscuras ambiciones personales, las pasiones intensas que socavan el entendimiento y la razón hasta degradar la condición humana a límites extremos.
Es ese escenario surge la traición y la crueldad abordada en Macbeth, los celos que dan origen a un crimen en la tragedia Otelo, el tema del conflicto entre poder político, lealtad y moral en la obra Julio César, una de las más representativas de su obra dramatúrgica. En Hamlet se plantea la incapacidad de actuar cuando se le presenta al personaje el dilema moral de decidir entre la venganza o el perdón. Romeo y Julieta es el drama del amor intenso, romántico pero desafiante, por la enemistad de dos familias que generan un desenlace fatal.
Un dato interesante. La escritora irlandesa Maggie O’Farell escribió la novela Hamlet basada en un hecho real. William Shakespeare vivía con su esposa en Henley Street (Stratford). Tuvieron tres hijos, Susana y los gemelos Hamlet y Judith. El niño murió a los 11 años y el autor escribió Hamlet cuatro años después.
Ha sido frecuente en universidades y colegios la lectura de las obras de estos autores, incluyendo El retablo de las maravillas, las novelas ejemplares Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera, La Ilustre Fregona, y en teatro, La Guarda Cuidadosa de Miguel de Cervantes, así como otras tragedias clásicas de Shakespeare. Es de esperarse que esa actividad cultural siga siendo parte de la tarea docente dado el alto valor literario, social e histórico de sus contenidos, tan valorados desde el instante mismo de su publicación.

