El triunfo de la izquierda en Chile: la derrota del miedo 

El triunfo de la izquierda en Chile: la derrota del miedo 

Los fantasmas y el miedo («comunismo», «socialismo», «izquierdismo», «castrochavismo», «islamoizquierdismo», entre muchos) han sido usados por los partidos políticos para atemorizar a los votantes. En las recientes elecciones de Chile estos fantasmas fueron derrotados. 

Dr. Miguel Rujana Quintero.

POR MIGUEL RUJANA QUINTERO

Abogado / Profesor universitario

Que haya sido Chile el protagonista de esta hazaña en Sudamérica es significativo para el quehacer político de la región. Y tiene que ver con la pregunta: ¿la izquierda es igual al comunismo, o a la socialdemocracia? Por ello ahora las miradas se centran en la capacidad de Gabriel Boric Font, actual presidente electo de Chile, para dar esa respuesta. Ha empezado señalando que hará un gobierno incluyente, defensor de las libertades y de los derechos humanos, del medio ambiente, de la equidad, la igualdad de oportunidades, el desarrollo humano, y fiscalista. Es decir, como se dice en Europa, hará un gobierno socialdemócrata.

Que Chile haya derrotado el miedo a las izquierdas no sorprende. Viene de ser el primer país del continente americano que ganó las elecciones democráticamente, al estilo de Occidente, a nombre de la coalición Unidad Popular de partidos de izquierda, liderada por el ex presidente Salvador Allende (1970 – 1973). Asesinado en un golpe de estado por la dictadura fascista y sangrienta de Augusto Pinochet (1974 – 1990). Y es esta trágica dialéctica la que le ha permitido a los chilenos emprender hoy su camino hacia una democracia avanzada, en el marco de un constitucionalismo global.

Gracias a “una coalición moral” de partidos de centro y de izquierda, denominada Convergencia Social, que incluye al partido comunista, le fue posible a Gabriel Boric Font, de tan solo 35 años, arrasar en las elecciones del domingo 19 de diciembre de 2021.2 Ayudó a su triunfo que la sociedad chilena cuente con una capacidad de discusión política de alto nivel, que en su momento pudo, mediante referendo del 5 octubre de 1988, derribar la dictadura de Pinochet (pasar de las armas y el odio, al discurso político de consenso). Y porque su democracia cuenta con la capacidad suficiente para resolver sus problemas de manera constructiva a través de la cultura del debate (de la protesta social, a la actual Convención Constitucional que expedirá una nueva carta magna), a pesar de las desigualdades que dejó el modelo pinochetista.

El reciente triunfo de las izquierdas de Chile, Perú y Honduras, como fue antes las de Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Venezuela solo fue posible porque se sometieron a la voluntad del pueblo a través del sistema democrático electoral de alternancia del poder. El mundo debió recorrer un largo camino de ensayos y errores políticos para poder arribar a lo que hoy se llaman las izquierdas. “Término que tiene origen en la Revolución Francesa. Los conceptos izquierda y derecha surgen en el momento en que se está discutiendo, en 1789, el veto a las prerrogativas del rey en la Asamblea Constituyente. Los que estaban a favor se ubicaron a la derecha de la presidencia y los que estaban en contra, a la izquierda”3. Más adelante el Marqués de Ferriéres, en 1790, considerando las tendencias en torno al problema del veto o no del rey, dice: “los miembros de la constituyente antimonárquicos son la izquierda”4. Han de pasar más de doscientos años para que el término se use con normalidad en Europa, y con sigilo en América Latina. Una reseña del largo camino recorrido por este concepto vale la pena verlo enseguida.

Antes de la Revolución Industrial, segunda mitad del siglo XVIII, la riqueza siempre estaba limitada a la explotación de los recursos naturales. Por ejemplo, el Imperio Romano podía entrar al norte de España, abrir las minas de oro y extraer el mineral mientras fluía. Pero cuando se agotaba el recurso, también las riquezas. Lo grave era que los gastos continuaban para las familias, los pueblos y los gobiernos, sin poderlos atender. Entonces, pasaban a depender de los artesanos y de la agricultura, y estos de las condiciones del clima; a veces lograban una sola cosecha en años convirtiendo a una nación rica en un lugar de miseria absoluta.

Después de la Revolución Industrial, con la invención de las máquinas, por primera vez en la historia de la humanidad la producción de riqueza se hizo ilimitada. Aparece al mismo tiempo el salario mensual de los trabajadores, lo que atrajo a campesinos y artesanos a trabajar a la ciudad, en las fábricas. Como la figura del salario no se conocía antes, nadie podía estimar cuál era su medida o equivalencia con relación al valor del trabajo. Pero lo que sí sabían los trabajadores era que cualquiera que fuera la suma la preferían con tal de recibir mensualmente algo, aun en condiciones aterradoras de explotación, desamparo y humillación. Sentían que por primera vez se les daba algo que no se le había ofrecido a casi nadie: un ingreso fijo. Como era de esperarse, las espantosas condiciones pronto fueron objeto de protestas y críticas. Alexandre Vinet fue la primera persona, entre muchos otros, en usar la palabra socialismo para luchar contra las espantosas condiciones laborales. La definió como lo opuesto al individualismo.5

Es a mediados del siglo XIX cuando aparece la forma más conocida de socialismo y comunismo: el marxismo, a través de las obras de Marx y Engels. Se proponía una sociedad en la que todas las empresas y medios de producción fueran propiedad del Estado y manejados por los trabajadores. Que sólo podían hacerse al poder mediante una revolución, y manejada por la dictadura del proletariado. Este modelo duró 70 años, principalmente en los países del Este de Europa. Aunque hizo importantes aportes a la ciencia, a la tecnología, la astronáutica y elevó el nivel de vida de sus ciudadanos, como lo reseña con absoluta claridad el maestro Álvaro Echeverri Uruburu,6 colapsó en 1990 con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética. La razón, al parecer, por haber comprometido las libertades individuales y colectivas, la creatividad y la propiedad privada. Lo grave fue que el desplome de estos sistemas socialistas no significó la desaparición de las injusticias sociales. Por lo que es a partir de este momento que aparecen los nuevos movimientos políticos de izquierda que recogieron las banderas por los derechos de las clases trabajadoras.

Después de la Segunda Guerra Mundial aparecen los socialistas democráticos, los que no creían en la revolución como la soviética. Crearon entonces el socialismo democrático moderno o la socialdemocracia, y las izquierdas en Latinoamérica. De hecho, Olof Palme (ex primer ministro de Suecia, 1927-1986), se preocupaba por dar claridad al respecto. Uno de los fundadores de esta nueva forma de ver el socialismo, lo decía así: “permítaseme hacer una pequeña reflexión sobre principios. Se me ha estado insistiendo que explique por qué soy socialista, pues bien: yo soy un socialista democrático, con orgullo y con júbilo. Me volví socialista cuando viajé por la India y vi la terrible pobreza, aunque algunos pocos eran tremendamente ricos. Igual, en cierto sentido, en los Estados Unidos. Cuando era muy joven, me vi cara a cara con la falta de libertades en los países comunistas, solo opresión y persecución humana. Cuando fui a los campos de concentración nazis y vi los archivos de los muertos de los socialdemócratas y los sindicalistas, me volví más. Me volví socialista cuando me quedó claro que era la socialdemocracia la que preparó el camino para la democracia en Suecia”.7

Cuando hoy en Europa se dice socialismo se entiende claramente que se hace referencia a los partidos socialistas o de izquierda que en algunos casos gobiernan, en otros están en la oposición. Han promovido ciertas políticas sociales en cuanto a educación y sanidad pública universal, protección a los más desfavorecidos, igualdad de todas las personas en cuanto a sus derechos, etc. Pero cuando vamos a Estados Unidos o América Latina, lo que se entiende por socialismo, izquierda o socialdemocracia, es el marxismo leninismo del pasado ya sepultado. Y resulta muy difícil a veces explicar a la opinión pública en general que estos términos ya no poseen el mismo significado que tuvieron en la época soviética, hoy Rusia, donde también se renunció a ellos. Que con los conceptos de hoy no se está defendiendo ni el terror rojo de Mao Zedong, ni los Gulag de Stalin, ni las masacres de Pol Pot, ni la censura a las libertades, y mucho menos la abolición de la propiedad privada ni el capitalismo.

Además, ha sido difícil la comprensión de estos conceptos porque las visiones de las izquierdas y socialdemocracias no han tenido una presencia sólida y consistente en el debate ideológico ni en Estados Unidos ni en América Latina, por motivos distintos. En Estados Unidos se profundizó el rechazo al marxismo leninismo por la guerra fría. En América Latina por seguir la línea de los americanos, y porque la academia ha sido representada fundamentalmente por pensadores marxistas, que han rechazado a la socialdemocracia como su enemigo histórico, defendiendo la ortodoxia marxista leninista.

Estos nuevos partidos de izquierda guardan gran distancia con aquellos movimientos que dicen ser socialistas, de rótulo, pero que en la práctica son violadores de los derechos humanos. Por este motivo el presidente electo de Chile se esfuerza por diferenciarse de la «izquierda» bolivariana representada por Nicolás Maduro, quien comanda un gobierno acusado de detenciones arbitrarias y represión de la oposición. En mayo, cuando Maduro celebró en Twitter el resultado de las elecciones de Chile, con un «es un contundente rechazo al neoliberalismo», Boric respondió diciendo: «Y también un mandato de respeto irrestricto a los derechos humanos. Algo en lo que tanto (el presidente chileno Sebastián) Piñera como usted no han estado a la altura».9

Los partidos como el del canciller de Alemania Olaf Scholz, del partido socialdemócrata, y el de Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español, en España, entre otros muchos, han sido alternativa de poder en el mundo porque su compromiso es la defensa de los derechos humanos y el desarrollo humano integral, las limitaciones a los abusos del poder, la participación democrática de los ciudadanos en el quehacer del Estado y la erradicación de la pobreza, dentro del marco del capitalismo y la propiedad privada. Y son opción de poder porque sus acciones no están dirigidas a defender ni restaurar los valores de la utopía colapsada. Estos nuevos roles que han asumido las izquierdas en los debates públicos y sociales, ya no constituyen prevención o resistencia alguna de los electores. Y les ha merecido que hayan podido derrotar el miedo y los fantasmas del pasado (comunismo, marxista – leninista).

Con el colapso del marxismo leninismo se frustró una de las grandes utopías de buena parte de la humanidad. Y dio lugar a toda clase de triunfalismo como aquel que anunciaba el “fin de la historia”, o triunfo del capitalismo, que Francis Fukuyama cantaba después de la caída del Muro de Berlín; que, aunque tesis muy criticada, así mismo se la sigue aceptando en el nivel del inconsciente cultural. O el slogan de Margaret Thatcher: “no hay alternativa” (un lema tan descriptivo de la doctrina capitalista que sería imposible buscar otra), se volvió una profecía autocumplida brutalmente. Doctrina capitalista que Slavoj Žižek hoy se ha atrevido a decir que: “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.10 Nadie medianamente sensato hoy se atreve a izar las banderas de la fallida utopía.

1 @Spaceazul. Twitter. (2021). Recuperado el 3 de enero de 2022, desde: https://twitter.com/spaceazul/status/1372560744898777089

2  Rivas Molina, F. (2021). La victoria de la izquierda en Chile y el reflejo español. El país. Recuperado el 12 de enero de 2022, de https://elpais.com/internacional/2021-12-24/la-victoria-en-chile-y-el-reflejo-espanol.html

 3 Schama, S. (1989). Ciudadanos: Una crónica de la Revolución Francesa. Tomado de: (Echeverri. A. 2021). https://www.youtube.com/watch?v=IWecsl3fN3M&t=3070s

4 Ibidem.

5 En Francia en 1831 el término es reproducido por un modesto semanario editado por el pastor protestante Alexandre Vinet en este caso como una respuesta al individualismo reinante.

6 Echeverri Uruburu, Á. (2021). ¿MERECE EL SOCIALISMO UNA CONDENA ABSOLUTA? [Libro electrónico]. Columna 7. Recuperado el 13 de enero de 2022, de https://www.columna7.com/post/merece-el-socialismo-una-condena-absoluta

7 Schawrz, M. ¿Qué es socialismo? ¿Y socialdemocracia? ¿Y comunismo? ¿Y marxismo? [Video]. Consultado el 7 de enero de 2022 en https://www.youtube.com/watch?v=Zs0dT0SjZzo

8 Pereira, J. [Imagen]. Recuperado el 12 de enero de 2022, de https://www.bilaterals.org/?-Chile-&lang=es

9 Adamo Idoeta, P. (2021). Qué significa la victoria de Boric en Chile para la izquierda en América Latina (y por qué aún no se habla de una nueva «marea rosa») – BBC News Mundo . BBC News Mundo. Recuperado el 7 de enero de 2022, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-59748270

10 Fisher, M., Iglesias, C. y Aguirre, P. (2016). Realismo capitalista ¿No hay alternativa?. Caja Negra.

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