Según cifras en Colombia, al menos una de cada diez familias está atravesando o ha atravesado un proceso de duelo en los últimos años. Motivo por el cual, desde la psicología se recomienda saber acompañar a quien atraviesa un duelo, basándose en las siguientes claves:
Claves para acompañar el duelo
- Respetar su momento: Esto implica no obligar a celebrar o pedirle que sea “fuerte”, así como tampoco ofrecerle soluciones que son de nuestra propia perspectiva puesto que no estamos viviendo la experiencia. Por el contrario, se debe escuchar sin juzgar y permitir el llanto.
- Compartir sin imponer: Así como se comparte felicidad también se puede compartir tristeza, ambas formas de experiencia emocional permiten unión entre las personas. Por lo que imponer a una persona que se encuentra en un proceso de duelo a estar bien emocionalmente no es una opción, es mejor acompañar y comprender sus sentimientos.
- Establecer actividades para resignificar el dolor: Prácticas como encender velas, realizar rezos o diversas actividades que vengan de la fe o de las creencias más profundas de las personas terminan siendo herramientas valiosas para resignificar el dolor o los espacios de ausencia.
En cuanto a las alertas para identificar y apoyar a una persona con sentimientos de duelo Mia Faride Gómez, Directora de la Especialización en Psicología Clínica de la Universidad Católica de Colombia recomienda estar alerta para poder brindar acompañamiento a quien lo necesite, las principales señales son:
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- Aislamiento: ocurre cuando la tristeza es profunda y muy persistente
- Afectaciones de salud: cuando no hay un balance en el sueño, apetito y actividad física.
- No reconocimiento de apoyo: las personas que no reconocen que necesitan ayuda, son las principales que se deben orientar para no tener posibles casos de depresión.
Finalmente, la experta en psicología advierte que tener “la compañía profesional, es un acto de amor hacia uno mismo y también hacia la memoria de quienes ya no se encuentran con nosotros”. Diciembre es un tiempo de respeto para llevar a un propio ritmo, donde encontremos sentido a nuestra vida desde la fe, la espiritualidad personal o desde el apoyo humano más profundo, puntualiza.

