El conflicto Rusia – Ucrania: la narrativa de Yalta

El conflicto Rusia – Ucrania: la narrativa de Yalta

Adiós a las armas nucleares. Hoy basta para dominar con la poderosa herramienta financiera: el SWIFT. 

Dr. Miguel Rujana Quintero.

POR MIGUEL RUJANA QUINTERO

Abogado / Profesor universitario

Entre enero y febrero pasado el ejército ruso invadió Ucrania. Una guerra que se veía venir desde 1945, y que involucra indirectamente a los amigos de Kiev: la OTAN, la UE y los Estados Unidos. Conflicto que revive antiguas e irreconciliables posiciones sobre la «seguridad» de Rusia frente a Occidente.

La primera y principal, que marcó el destino de Europa de los últimos 70 años y su tensa relación con Rusia, fue la Conferencia de Yalta celebrada al final de la Segunda Guerra Mundial. Otro hecho histórico, de mayores efectos políticos, fue la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, en 1991. Una reciente, de gran volatilidad político-militar, fue la anexión que hizo Rusia de la península de Crimea, en 2014. Algunos círculos rusos consideran que recuperar la península es prioritario; la habían perdido por un gesto de «camaradería». Sucedió en 1954 cuando el secretario (presidente) de la Unión Soviética, Kruschev, cedió la península a Ucrania en conmemoración del 300 aniversario de la adhesión de esta última república a Rusia. 1  Para aquel momento, Crimea y Ucrania pertenecían a la URSS.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ha sido la confrontación bélica más sangrienta de todas. Y, como en casi todas las guerras, dejó profundas diferencias entre los aliados. Por ejemplo: la Unión Soviética tuvo entre 20 y 25 millones de muertos, Reino Unido 400.000, EE.UU 300.0002 , y Francia 210.000 y 390.000 heridos3 . Otro hecho sobre desigualdades fueron las acciones del ejército rojo que resistió la invasión de las tropas nazis a su territorio; las derrotó, las expulsó, y las siguió en su retirada hasta las puertas de Berlín. La mayor diferencia se evidenció en la Conferencia de Yalta, entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, en la que se decidió el futuro de Europa. Stalin presidió el encuentro del día 5 donde se aprobó el reparto de Alemania en 4 zonas de ocupación controladas por los aliados, y también Francia. La URSS logró ventajas con un mayor territorio en Alemania y Polonia.

A esta conferencia Stalin llegaba con ventaja respecto a Roosevelt y Churchill debido a que el ejército rojo estaba a tan solo 70 km de Berlín y ocupaba buena parte del este de Europa. Mientras que los aliados occidentales no alcanzaban a llegar a tiempo a Berlín por la batalla de las Ardenas que los retrasó. Por esta rivalidad que se notaba en los aliados se preveía una negociación dura: se creía que el que primero llegara a Berlín impondría las condiciones. Para el momento de la conferencia era seguro que el ejército rojo iba a alcanzar el premio mayor (el 8 de mayo de 1945, con la rendición de Alemania). Por esto, Churchill no acudía tranquilo, presentía que se iniciaba una tensa y larga disputa entre los aliados que iría más allá de lo que se acordara en Yalta. Los mayores roces fueron por la seguridad de las fronteras de la URSS, que debían quedar protegidas de la inferencia capitalista.

Buscando blindar sus fronteras el Kremlin logró «acuerdos» para estos fines con los países liberados del nazismo, y prometió a los aliados coordinar la normalización democrática de estas repúblicas: Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Estonia, Lituania y Letonia. Países que terminaron siendo socialistas e integrados a la URSS.

La aparición y explosión de la bomba atómica que lanzó Estados Unidos sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945, cambió la historia para siempre. Este acontecimiento hizo que las guerras del futuro fueran a distancia y de exterminio masivo, amén de la permanente zozobra de una eventual guerra nuclear. Con esta nueva ventaja a favor de los Estados Unidos se dio inicio a la carrera armamentista que hizo que la Unión Soviética también adquiriera la bomba atómica. Sucesivamente la obtuvieron otros países hasta convertir a la tierra en un extenso sembrado de artefactos atómicos a punto de estallar. La Guerra Fría, percibida por los aliados en Yalta, había comenzado. Se crean las organizaciones militares, la OTAN en 1947, en defensa de los estados capitalistas; y su opuesto, el Pacto de Varsovia, para la defensa de los estados comunistas. Y su confrontación se haría a través de interpuestos ejércitos, como sucedió posteriormente con la guerra de Corea, Vietnam, Indonesia, Afganistán, Siria, Cuba, entre muchos otros.

La Guerra Fría debilitó a la URSS por su afán de querer igualar, y hasta superar, la astronáutica, el poderío militar, nuclear y atómico de Estados Unidos. Pero la principal causa de su colapso fue tener que hacerse cargo de las 15 repúblicas soviéticas, de su desarrollo y poderío militar. Empresa estatal desproporcionada para las difíciles condiciones en las que se encontraba el sistema socialista.

En 1991, el presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov, convencido de que su sistema socialista necesitaba reestructurarse, aceptó las negociaciones de paz con Occidente y la promesa del secretario de estado de los Estados Unidos, James Baker, de que la OTAN no avanzaría ni «una pulgada al este» de Europa, hacia las fronteras rusas, y decidió la desintegración de la URSS. Aprovechó para hacer reformas sustanciales: democratización de la gestión pública con la participación de los trabajadores y jóvenes tecnócratas, acabar con los monopolios estatales mediante la privatización de la propiedad, es decir, incursionar en el capitalismo para poder competir con Occidente como lo hacía China. Y solo se reservó el poderío militar para cuidar que las promesas se cumplieran. La desintegración ha sido considerada por Valdimir Putin como “la mayor catástrofe del siglo XX”, “por una promesa».

La promesa fue incumplida al otro día por Occidente, y se convirtió en la causa de la guerra hoy en Ucrania. Los Estados Unidos y Europa ampliaron los miembros de la OTAN con: Alemania unificada en 1991, Polonia, República Checa y Hungría en 1999, con siete estados más recién independizados de la URSS en 2004. Albania y Croacia en 2009, Montenegro en 2017, y Macedonia del Norte en 2020. La OTAN, convertida en un gran bloque, continuó con la presión para que Ucrania se vincule a esta organización.

(annamapa.com, S.F.)

Gorbachov había entendido que “toda experiencia política (el comunismo centralizado) es susceptible de ser derribada por la experiencia”, como lo aceptó China. Sin embargo, Putin se ha resistido a esta ley dialéctica; le ha impedido superar el colonialismo y la idea de que Rusia ya no es ni puede volver a ser la URSS. Entonces, insiste en elaborar una narrativa desde la historia de la URSS, que le ha permitido juzgar que las acciones de la OTAN son una alta traición a los acuerdos con James Baker, de no expansión hacia Rusia. Estos incumplimientos motivaron la decisión de Rusia de vetar el ingreso de Georgia y Ucrania a la OTAN, anexar Crimea en 2014; e invadir Ucrania en febrero pasado por la inminencia de su ingreso a la OTAN.

Es claro, desde la Ciencia Política, que Ucrania y todos los países tienen derecho a solicitar su ingreso en la OTAN, y que a ésta le asiste el derecho de admitir a quien quiera, pero la controversia se centra en que no se trata de derechos, sino de poder; que alegar aquellos, es retórica de la post verdad, en medios y en redes sociales. Es por ello que Putin justifica sus acciones de hoy apelando al viejo incidente de la “crisis de los misiles” en 1962. En esa ocasión, Cuba tenía «derecho» a pedir a Moscú misiles nucleares para disuadir a Estados Unidos de nuevos desembarcos como el de Bahía Cochinos. Y que la URSS tenía «derecho» a desplegarlos en cualquier lugar, en respuesta a los que le amenazaban, como desde Turquía. De la mano del derecho iban derechos, y nunca mejor dicho, a una guerra nuclear, así que se dio marcha atrás. 4 Entonces se preguntaría Putin: ¿Podría Rusia emplazar misiles en Cuba, Nicaragua y Venezuela?.

Si bien Putin se arriesgó desde su narrativa imperial a forzar un cambio en las relaciones internacionales que reemplace el actual mundo unipolar de Occidente, gobernado por un solo poder, y por unos medios de comunicación que informan sobre sus acciones como hazañas, y las de los otros bloques como barbarie, aunque controversial, no logró sus objetivos. El Kremlin no se dio cuenta que la guerra ya no es convencional, que su poderío militar nuclear, como el de todos, está cerca de ser declarado arsenal en uso de buen retiro, o en objetos arqueológicos de museo, si un demente no los detona antes. No entendió que lo contundente hoy es la capacidad de aislar al enemigo, las sanciones económicas y la aplicación de la poderosa e imbatible arma financiera: el SWIFT. Tampoco advirtió que las guerras son objeto de juicios morales masivos compartidos en medios y redes sociales en tiempo real. Esta presión emocional y social es tan poderosa que desborda todos los pronósticos y cálculos sobre el conflicto; y está haciendo que se pierda la guerra.

Rusia subestimó el poder mediático de Occidente. Esto ha hecho que la población mundial, como nunca antes, se involucre en la guerra como si participaran en un thriller en la plataforma de Netflix. Así los ciudadanos devienen en actores que se encargan de salvar a la humanidad de la agresión rusa. Las armas usadas por estos actores (la xenofobia, el ostracismo, los discursos de odio, el aprovechamiento de los dramas humanitarios y la revictimización, y las ovaciones del cerco político, económico o financiero) excluye a Rusia del panorama mundial, y arrastran en ese odio hasta su cultura, solo por castigar a Putin. Al mismo tiempo, los medios los animan hasta la histeria y el paroxismo.

Si la diplomacia se hubiera impuesto para prevenir el conflicto, la actual crisis se habría resuelto con un compromiso internacional para que entre Rusia y la UE existiera un espacio militarmente neutral y un continente desnuclearizado. En Europa ya hubo países neutrales como Austria y Finlandia, perfectamente democráticos y soberanos en plena Guerra Fría, cuando Moscú era mucho más poderosa que hoy. Algo así podría ser el principio de la emancipación europea en materia de política exterior y de seguridad, que dirigen los atlantistas desde 1947. Y esa es, justamente, la verdadera dificultad, porque a Estados Unidos no le interesa. 5

El conflicto plantea la paradoja de que la OTAN sólo existe para afrontar los riesgos creados por su existencia y por su ampliación al este, pues en 70 años solo ha logrado humillar a las otras potencias nucleares: Corea del Norte, Irán, China, Rusia, entre otros, sin poder desmantelar el poderío militar de estas naciones. También devela su problema interno: el interés de Washington por mantener su dominio político-militar en Europa, y la estupidez estratégica de la Unión Europea de servir a los intereses americanos. Esto los ha llevado a una situación peligrosa perfectamente previsible, hoy con Rusia, mañana con China, etc. Pero, ¿son capaces de reconocer el error y dar marcha atrás? Reconocer el error, no, porque se les caería la cara; implicaría una derrota implícita de la OTAN. Tampoco darán marcha atrás, es muy rentable este organismo.

Como avanza el conflicto, no se ve que Rusia vaya a ceder al proyecto de seguridad de sus fronteras, alguna cerca le darán. Difícilmente devolverá la península por considerarla estratégica para su seguridad, y como «represalia» a la OTAN por sus acciones expansionistas. Devolverla equivale a perderlo todo. Es impensable para Putin, sería derrocado. En cualquier caso, Putin ya sólo alcanzaría un triunfo pírrico en esta guerra.

Mientras se encuentra la salida, el pulso será por el que más resista las penalidades: sanciones morales, económicas y financieras, de todo el mundo a Rusia, vs el asedio militar y energético contra Europa. Si es que no se da un accidente militar que desate la tercera guerra. La cuarta será con palos.

______________________

1 Villatoro, M. (2022). El día en que Kruschev regaló la península de Crimea a Ucrania. Recuperado el 22 de febrero de 2022, de https://www.abc.es/historia/20140327/abci-kruschev-regala-crimea-ucrania-201403261617.html

2 La Segunda Guerra Mundial a profundidad | Enciclopedia del holocausto . Encyclopedia.ushmm.org. (2019). Recuperado el 10 de febrero de 2022, de https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/world-war-ii-in-depth

3 Segunda Guerra Mundial: datos, cifras, todo lo que debe saber . CNN. (2021). Recuperado el 10 de febrero de 2022, de https://cnnespanol.cnn.com/2021/08/02/datos-cifras-sobre-segunda-guerra-mundial-trax/

4 Serrano, P. (2022). Rafael Poch: «El crimen de la UE de 2013 fue excluir a Rusia del acuerdo con Ucrania.» Recuperado el 16 de Febrero  2022, desde: https://mundo.sputniknews.com/20220201/rafael-poch-el-crimen-de-la-ue-de-2013-fue-excluir-a-rusia-del-acuerdo-con-ucrania-1120960664.html

5 Ibídem.

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